Justo esta semana en el blog de Basileia (blog dedicado al maltrato y al abuso y que es de lo mejor que hay en la red sobre el tema) se hablaba de este tema y voy a poner el enlace para que lo leais y porque me parece que no hay mejor manera de explicar algo de una manera tan fácil y sencilla.
Justo esta semana en el blog de Basileia (blog dedicado al maltrato y al abuso y que es de lo mejor que hay en la red sobre el tema) se hablaba de este tema y voy a poner el enlace para que lo leais y porque me parece que no hay mejor manera de explicar algo de una manera tan fácil y sencilla.
El legendario detective Perico Varela, también llamado “El Chucho” en el negocio de los problemas, bajaba del autobús en la estación de Benidorm cuando un taxista se acercó para ayudarle con su maleta.
-- Déjala, todavía me queda un brazó –. Le gruñó.
-- ¿Unos días de vacaciones?.
-- No, he venido a buscar el otro.
No empezó a echarlo realmente de menos hasta unos días antes, cuando soltó de repente en medio de una partida de mus: “no quiero que me entierren incompleto”. Sus colegas de la residencia se habían acostumbrado a verle así, manco, separando las cartas con la punta de la nariz para mirar el juego. Por eso pensaron que quería que lo enterraran junto a su difunta esposa. Pero él hablaba de su brazo izquierdo. “Tengo que encontrarlo”, añadió. No lo había necesitado en los ochenta para atrapar al conde Petrov. el mayor traficante de uranio de la Costa del Sol, ni en el 67 para enchironar al sacamantecas de Murcia, ni en el verano del 91 para meterle en Menorca una bala del 38 entre ceja y ceja a Rudolph Iceman de parte del Mossad. Pero ahora, 45 años después del accidente de tráfico que lo apartó de la policía para siempre, sin saber por qué Varela necesitaba urgentemente reunirse con su brazo antes de estirar la pata.
Aquel calor pringoso de la costa retorcía los viejos del Chucho, pero su cabeza aún estaba en su sitio. No tardó ni cuatro horas en localizar el hospital donde le habían troceado y en conseguir soltar algunas lenguas valiéndose de su natural simpatía y de unos cuantos billetes marrones.
Flora, la enfermera jefa encargada de los deshechos clínicos, era una hembra de las de antes. Su naturaleza se había expandido con los años como una supernova, pero todavía conservaba unas curvas capaces de joderle la vida a un hombre.
-- Ahora hay empresas especializadas que se encargan de retirar los deshechos humanos, pero entonces simplemente lo quemábamos todo en la caldera –. Le explicó después de un breve interrogatorio.
-- ¿Y las cenizas, qué pasaba con las cenizas?.
-- Las tirábamos a la basura. ¿Por qué?.
La historia del viejo detective conmovió a Flora y aquella misma noche la mujer descubrió que la naturaleza había compensado muy bien al Chucho por su carencia. Pasó una semana y luego un mes y luego tres años, y una noche paseando por la playa frente al bar de María Jesús y su acordeón, Varela tiró su vieja Astra al mar para siempre y miró fijamente a Flora.
-- Mi última voluntad es que me entierren en el vertedero, junto a las cenizas de mi brazo. ¿Las respetarás cuando llegue el momento?-
La vieja enfermera asintió y él rodeó con el otro brazo su infinita cintura.
Ahora, Perico Varela espera a la muerte en Benidorm. Nunca nadie imaginó que la historia de un hombre como él acabara de esta manera y en un lugar como éste, pero cosas más raras se han visto.
Oscar Aibar es cineasta y escritor, autor de “Making of” (Mondadori).
El País, 29 de Julio de 2.009.
“Ya estoy aquí”, berrea Acacia mientras cruza el umbral de su casa. Va hacia la cocina y deja las bolsas de la compra. Una lechuga, galletas dietéticas, ciruelas, medio pollo,… lo suficiente para un par de solteronas de cincuenta años. Bebe un trago de agua fresca de la nevera y se dirige a su dormitorio para cambiarse de ropa. Se pone un vestidito de estos tan fresquitos para el verano, con unas chanclas. En el cuarto de baño se refresca los pies y tras secárselos, se hace una coleta y se quita el maquillaje. No le gusta mucho pintarse, y cuando lo hace procura no dejar que le caigan chorreones negros por las mejillas. En verano no es muy difícil que pase.“Conchi, voy un momento a sacar el perro”. Busca la correa y llama, “¡Cosita!, ven, ¡Cosita!”, y el caniche acude corriendo a ver a su dueña. Aprovecha para sacar la basura y se dan el paseo por un parque cercano. Está anocheciendo y hay mucha gente corriendo, sacando a perros, o simplemente tomando el fresco.
“Hola Esperanza, ¿cómo estás?” “¡Ay!, hija. Estoy igual, ya sabes..., con lo mío” “Bueno, pues que te mejores” Y Acacia continúa hasta el final del parque. Se sienta un rato en un banco, que hace muy buen tiempo. Saca una revista que llevaba en el bolsillo y se entretiene leyendo sobre la Rociíto y Sara Montiel. Cosita mientras deambula a su alrededor. En un momento dado deja su regalito y es cuando la señora le dice, “ven, Cosita. Vámonos” Y se van las dos tan contentas. Llegan a su portal y llama. Pero nadie contesta. “Se estará duchando”, piensa Acacia. Así que rebusca en sus bolsillos hasta que encuentra las llaves. Como tiene los pies doloridos de llevar los tacones todo el día, suben en el ascensor. Al entrar otra vez a la casa dice, “Conchi, que ya estamos aquí” Conchi no contesta, pero se escucha el calentador funcionar.
Pasa un rato y desde la cocina le dice, “Conchi, estoy haciéndome un sándwich para cenar, ¿te apetece uno?”, pero sigue sin contestar. Acacia se asoma a la terracilla y se sigue escuchando el calentador. “Qué extraño”, se dice. Así que decide ir a preguntarle.
“Toc, toc” “Conchi, ¿estás bien?”, y sigue sin contestar. Vuelve a llamar, pero lo mismo. Entonces abre la puerta despacito, “Conchi, ¿estás bien?” Hasta que ve una imagen que la deja horrorizada. La pobre Acacia se cae de espaldas y llora de forma entrecortada. Como puede se tranquiliza y va corriendo a llamar a la policía, al 061, a lo que sea.
“Ding, dong” Llaman a la puerta y la señora corre a abrirla. “Buenas, usted ha llamado a la policía, ¿no?” “Sí, sí, por favor, pasen. Me la encontré así cuando llegué” “Ya viene de camino un equipo médico, pero creo que no se va a poder hacer nada”
- Bueno, señora, ya la llamaremos para algunos papeles y tal.
- Está bien, como quieran.
- La verdad es que ya es el segundo caso que vemos esta semana, el lunes le pasó lo mismo a otra señora.
- Ya, vi algo en la tele.
- Hay que tener mucho cuidado, mucha gente pierde pelo en esta época y…
- Perdone si parece que no le sigo, pero es que me están haciendo efecto los calmantes.
- Bueno, no la entretenemos más. Tiene que haberlo pasado muy mal cuando la vio en la ducha…
- Sí, la verdad es que esa imagen se me va a quedar marcada toda la vida. La pobre Conchi flotando dentro de la mampara… como estaba llena se salía el agua por arriba y… ha sido una impresión muy fuerte.
- Si es que, señora, hay que tener cuidado con los pelos, que no atasquen el desagüe. Estamos tras una empresa de champús porque parece ser que hay uno… todas las mujeres que han muerto así usaban el mismo champú. Quizás favorece la caída del pelo. En fin, lo dicho. Cuando tenga que firmar algún papel o algo ya la llamaremos y, por favor, intente descansar.
Entró un señor muy gordo mientras el profe estaba de espaldas y, cuando se volvió y lo vio, se quedó completamente paralizado. Nosotros también nos callamos al momento. El señor gordo pasó por delante de la tarima, sacó una pistola tremenda de un bolsillo y la puso de un golpe sobre la mesa del profe. Luego, nos fue mirando, avanzando por el pasillo por donde casi no cabía, y se tiró un pedo largo y muy fuerte, pero nadie se atrevió a reírse. Luego eligió sentarse al lado de Nadia, y para eso empujó con su cuerpo a Carlitos, que siempre le gusta ponerse con ella. El profe no dijo nada, se había quedado tan mudo como nosotros. Yo me quedé atontado mirando la pistola que había dejado; no oí bien sus palabras, pero dijo que nos daría la clase él. La pistola tenía un cañón enorme, el gatillo parecía tan grande que podrían caber por lo menos tres dedos.
Dijo que teníamos que tener mucho cuidado con lo que hiciéramos, porque si nos metíamos en un lío, vendría un hombre como él a hablar con nosotros. Nos dijo que nuestro profesor había sido malo. Nos contó cosas suyas que no entendí bien, que le gustaba jugar a un juego de cartas en que se pierde dinero, y que debía mucho. Dijo que a él y a su jefe les gustaba que debiera dinero, yo hubiera querido preguntar por qué, pero no me atreví. Ni siquiera el Luisja había hablado, y si él no lo hacía no lo haríamos ninguno. Nos explicó que todos tenemos necesidades y que los tipos listos son los que saben sacar provecho de ellas. Eso lo recuerdo bien porque lo repitió varias veces y nos mandó que nos lo aprendiéramos. Luego contó que para pagar ese dinero tenía que heredar un piso de su madre, pero que no se moría y luego se murió de repente o algo le pasó. Pero dijo que el profe no quiso pagar sus deudas. Él era un simple cobrador que venía a recordarle una cosita. Me hizo gracia que dijo "cosita" -que es como mi madre llama a mi hermano pequeño-, pero no me reí.
Después de un rato se levantó y a Nadia le pasó un dedo por el moflete. Se paseó por la clase, recogió su pistola y la guardó. El profe no había movido ni las manos, todavía tenía la tiza con la que estaba explicando. Luego le cogió al profe por la barbilla y le dio un beso en la cara. Algunos se rieron y nos reímos todos. Entonces el hombre gordo nos miró y nos hizo callar con la mirada. Estaba muy serio. Luego se fue.
Cuando llegué a casa no se lo conté a mis padres. Pero me daba mucha rabia todo. No sé por qué lo hice. Pero cogí a una tortuguita que tengo y la tiré al váter y luego tiré de la cadena.
Javier Sáez de Ibarra, es escritor, autor de La propuesta imposible (Páginas de Espuma).
“El País” (Domingo, 26 de Julio de 2.009)
El hotel era una porquería y el barrio inquietante, pero la habitación resultaba barata y Daniel necesitaba que los 200 euros prestados por su hermana duraran muchísimo.
Al bajar del tren incluso había sopesado la posibilidad de pasar la noche en la estación, pero decidió que la cita de la mañana siguiente era demasiado importante para él y que convenía ir descansando. Así que se pateó el viejo centro de la ciudad y encontró un tugurio por 15 euros. Al abrir su cuarto salieron a la carretera tres despavoridas cucarachas.
Las calles estaban vacías. Pese a ser las siete de la tarde, el asfalto despedía un aliento abrasador. ¿Cómo se las arreglaría las gente para aguantar el verano en esa ciudad achicharrada?. Se limpió el sudor de la frente con la mano y al hacerlo le llegó una vaharada del hedor de su axila.
Al día siguiente se pondría el traje. Esperaba caber dentro, porque no lo usaba desde hacía mucho tiempo. Un tiempo asqueroso de pena y mala suerte que le había sido arrebatando cuanto tenía: su trabajo de representante de bisutería, su mujer, su casa. Lo había perdido todo menos la creciente barriga. Vivir era escribir en el agua.
Siguiendo las indicaciones de la bruja del hotel, Daniel torció a la izquierda y entró en una calle todavía más sórdida. Un guiñapo humano le miró con ojos febriles desde un portal. Aún le gustaron menos dos individuos huidizos y afilados que había más lejos, quizá los camellos del guiñapo.
Cruzó la acera, despreciándose un poco por sentirse asustado. Los comercios parecían ruinosos y el aire sofocante olía a basuras. Estuvo tentado de abandonarlo todo y meterse en un bar a beberse el dinero de su hermana. Pero no. Esta vez no. Esta vez iba a acabar su mala racha.
La modesta peluquería estaba recién pintada. Empujó la puerta; dentro no había nadie, pero la penumbra era tranquila y fresca. La mujer del hotel había dicho que el viejo Tomás trabajaba hasta tarde, así que dio unas voces.
De la trastienda salió un tipo muy grande que no era nada viejo, el ceño fruncido en una sola ceja.
-- “Está cerrado” –. Gruñó.
Daniel sintió un pellizco de desesperanza: sabía que, si no adecentaba su aspecto desaliñado y greñudo, no conseguiría el empleo a la mañana siguiente.
Pero después algo despertó dentro de él, su poderoso talento de vendedor, su antigua capacidad de persuasión.
-- “Venga amigo (dijo con una sonrisa), hazme ese favor…
Y dando dos zancadas se sentó en el sillón, porque sabía que los hechos consumados ayudaban bastante.
El gigantón se quedó parpadeando con cara de estúpido, pero al final agarró las tijeras. Ah, se dijo el regocijado Daniel, esto es una buena señal, la suerte ha cambiado.
Entonces se repantingó en el asiento, miró alrededor y lo vio todo. Vio el cuerpo ensangrentado de un anciano, sin duda el viejo Tomás, asomando por la puerta de la trastienda, la garganta hendida por un tajo feroz; y vio la hombre cejijunto ya muy cerca de él, el acero brillando en sus enormes manos.
Rosa Montero, escritora y periodista española. // “El País” (sábado, 25 de Julio de 2.009).
Dibujo: Cesar Fernández Arias
Paola Claudia Sosa le disparó a su marido policía, luego de que la violara a punta de pistola. Hacía más de un año que sufría golpizas y vejaciones. Entidades de mujeres, de DD.HH y organismos oficiales reclaman que se revise la sentencia. Argumentan que lo mató “en legítima defensa”. La historia de un caso paradigmático de violencia doméstica (extraído de la página 12).
“Me golpeaba, me violaba y me amenazaba de muerte poniéndome el revólver en la cabeza e introduciéndome el caño del arma en la vagina”. Declaró Pala Claudia Sosa, de 22 años, ante la Justicia mendocina. Se refería a su esposo, un policía de esa provincia. Una noche, Claudia puso fin a ese círculo de horror. Fue después de que su marido la tirara al piso, la pateara con los borceguíes puestos, le rompiera la ropa y la forzara a punta de pistola a tener relaciones sexuales. Esa noche ella tomó su arma reglamentaria (Una Taurus 9 milímetros) con la que él tantas veces la había vejado y, cuando se acostó a dormir, le disparó.
La Séptima Cámara en lo Criminal de Mendoza la condenó a 15 años de prisión por “homicidio agravado por el vínculo conyugal con circunstancias extraordinarias de atenuación”. La sentencia causó conmoción en la sociedad mendocina y generó polémica. Un grupo de ONG y de organismos oficiales y de derechos humanos iniciaron una campaña, con marchas incluidas, en reclamo de su libertad. Piden que se le conmute la pena o sea indultada porque consideran que actuó en “legítima defensa”.
“Queremos que revisen el caso y la absuelvan. Paola fue víctima de violencia física e institucional, fue humillada y vejada”, señaló a Página/12 Rosana Rodríguez de las Juanas y Las Otras, la ONG que inició la cruzada por la libertad de la joven.
El caso es paradigmático por donde se lo mire. No sólo porque Paola fue condenada el “Día de la no violencia contra las mujeres”, el 25 de Noviembre último, sino porque la joven intentó buscar ayuda y no la consiguió: denunció los golpes en varias oportunidades en la policía y la mayoría de las veces no fue ni siquiera escuchada. Para completar el cuadro, luego fue “revictimizada” por los peritos oficiales que actuaron en el caso: uno de ellos, la psiquiatra María de los Ángeles Quiroga, del Hospital El Sauce”, llegó a interpretar el vínculo de sometimiento de Paola a su esposo como una relación “sadomasoquista”.
A la defensa de Paola se han sumado el Instituto de la Familia del Municipio del Guaymallén y el Instituto para la Equidad entre Hombres y Mujeres (Ippehm), del gobierno de Mendoza. “La sentencia es injusta”, consideró la abogada Graciela Herranz, presidenta del Ippehm, y criticó la falta de preparación de los magistrados, los abogados defensores y los peritos que actuaron en la causa, pera juzgar adecuadamente un caso de violencia doméstica. “La han revictimizado”, señaló. “Para nosotros éste es un caso emblemático que refleja una contradicción evidente: contamos con todos los recursos legales de reconocimiento de los derechos de las mujeres, pero en la práctica social e institucional no siempre se actúa de acuerdo con estos avances, en forma particular en el ámbito judicial”, opinó Herranz.
Noche de bodas, noche violenta.
Paola es muy lúcida, aunque apenas tiene primaria completa. De contextura física y estatura pequeña, es retraída e introvertida. Sus padres son dueños de una panadería. Se casó con el policía Juan Eduardo Quiroga Núñez tras un noviazgo de cinco meses, en los que él se mostró amoroso y cariñoso. Pero la relación cambió abruptamente la misma noche de bodas, cuando Quiroga le dio la primera paliza. Y a partir de ahí no dejó de azotarla durante el año y un mes que duró el matrimonio, hasta que ella lo mató el 1 de Marzo de 2.001.
Según las pericias forenses, aquella noche trágica en la que Paola gatilló la Taurus 9 milímetros que tantas veces Quiroga le introdujo por la fuerza en la vagina, él la golpeó (horas después de la detención de ella se detectaron escoriaciones en dedos, brazos y en el glúteo derecho, según quedó escrito en el expediente) y la violó (se tuvieron en cuenta la rasgadura de la ropa y el hallazgo de exudado vaginal, signo de coitoreciente). “Me decía que yo era la esposa y tenía la obligación de hacerlo. yo tenía miedo”, contó Paola en el juicio. De los fundamentos de la sentencia surge que la joven mató a su esposo de un tiro en la cabeza, parada al pie de la cama matrimonial.
Después de someterla sexualmente, Quiroga había dejado el arma cargada en la mesa de luz y se había acostado a dormir. En el juicio, ella dijo no recordar si él estaba dormido y declaró que sólo quiso “asustarlo”, cuando, “temblando de miedo, tiritando”, tomó el arma. “(La pistola) se disparó, vi sangre… sentí pánico. Llamé a mi hermano desde el celular y le pedí ayuda. Como no podía venir avisé a la comisaría 11ª (donde su esposo trabajaba), que había matado a Eduardo”, completó en voz apenas audible.
Una máquina de escribir invisible.
“Me pegaba, me encerraba y se iba”, declaró ante los jueces de la Séptima Cámara en lo Criminal de Mendoza, Agustín Pedro Chacón, Gonzalo Guiñazú y Pedro Carrizo. Quiroga la controlaba. Con el coche policial la seguía o la hacía vigilar por sus compañeros de repartición. Durante las audiencias quedó probado que el agente policial tenía amantes: una de sus novias declaró que él le había asegurado que era soltero.
Paola contó que cinco veces se presentó a la policía para denunciar a su marido por malos tratos. Pero como les ocurre con frecuencia a muchas mujeres víctimas de violencia, la mayoría de las veces se le rieron en la cara o la declaración se archivó. La primera fue a los cinco meses de casados cuando la pareja vivía en San Rafael. Directamente no le tomaron la denuncia.
Las otras dos veces fue a la comisaría del barrio Lihué, departamento de Guaymallén, en el Gran Mendoza, durante el tiempo que vivieron en la casa de los padres de Quiroga. La primera vez, Paola fue a la seccional acompañada por la hermana de su marido y aunque en su rostro tenía la marca de un golpe (que hoy es una cicatriz que trata de ocultar con su cabello) tampoco le quisieron tomar la declaración y le dijeron que se volviera a su casa. “Fue como si la máquina de escribir fuera invisible. Me dijeron que no me hiciera problemas, que iba a estar todo bien y aunque tenía una lastimadura en la cara no me mandaron al médico forense”, recordó la joven días atrás, en la Alcaidía de Mujeres de la penitenciaría de Mendoza, donde está alojada junto a 86 internas. En aquella oportunidad, el policía también le había pegado a su propia madre.
La segunda vez que fue a la comisaría de Lihué, la acompañó su padre; sí le tomaron la denuncia. La causa por “lesiones calificadas” pasó a la Segunda Fiscalía Correccional de Mendoza. Las otras dos denuncias contra su marido, Paola intentó hacerlas en comisarías de Luján de Cuyo y del barrio La Gloria del Gran Mendoza.
Después de vivir con sus suegros. Paola y Quiroga se mudaron solos a un departamento en Luján de Cuyo, a 16 kilómetros de la capital provincial, donde meses más tarde ocurría el homicidio. Un día ella intentó suicidarse y terminó con un lavaje de estómago en la guardia del Hospital Regional de Luján de Cuyo. Le recomendaron iniciar un tratamiento psicológico. El día fue a la primera sesión en el centro de salud del barrio La Gloria, de donde eran ella y su familia, su esposo se enteró y literalmente la sacó de los pelos del lugar y la subió al patrullero en el que había llegado. Hubo testigos del hecho: el psicólogo del centro de salud (que no fue citado a declarar en el juicio) y varias vecinas.
Clamor por su libertad.
En el último tiempo, Quiroga estaba asignado a una comisaría de Luján de Cuyo. En su desesperación por los tormentos que sufría en su casa, Paola contó que fue a hablar con sus superiores. Se me reían en la cara. Me decían que no podía ser él porque era el nene preferido de la comisaría. Una vez hablé con el inspector de la Comisaría 11ª de Luján de Cuyo: me miraba y se reía y lo llamó por teléfono para decirle que estaba declarando en contra de él. Y me fue a buscar a la comisaría y me sacó del brazo. Fue todo un problema”, relató Paola, en la cárcel, y no quiso dar más detalles, durante una visita que le hicieron integrantes de Las Juanas y Las Otras.
Durante el juicio oral, que se extendió por cinco días, la Séptima Cámara en lo Criminal de Mendoza consideró ciertos sus relatos de malos tratos y violencia y los tuvo en cuenta para atenuar las pena. En los casos de homicidio agravado por el vínculo, el Código Penal prevé un castigo de reclusión o prisión perpetua. El fallo despertó indignación entre los vecinos de la familia de Paola, que incluso protagonizaron varias manifestaciones en su defensa, y también entre ONG de Mendoza.
Por un error del Poder Judicial, los abogados defensores de Paola, Gilberto Altamira y Guillermo Gorelik, no llegaron a tiempo a presentar un recurso de casación en el que pedían que se anulara el fallo y la joven fuera sometida a un nuevo proceso, teniendo en cuenta, entre otras circunstancias, “el terror paroxístico impuesto por el marido uniformado, violento, armado e inescrupuloso; un marido abusador”. Una notificación de los tribunales que advertía que se vencía el plazo legal para elevar el recurso de casación fue enviada a una dirección equivocada y cuando los letrados llevaron el planteo, fue tarde. Ahora, los abogados reclamaron a la Suprema Corte de la provincia que lo acepte de todas formas como válido.
En ese marco, Las Juanas y Las Otras y el Comité de Latinoamérica y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem) encabezan una campaña para conseguir que se revea la sentencia y les están brindando contención y apoyo a ella y a su familia. “Si no conseguimos que sea absuelta o se le reduzca la pena, vamos a pensar en pedir la conmutación de la pena o el indulto al gobernador”, adelantó a este diario Olga Ballarini, titular de Cladem-Mendoza. Entre otras medidas, han generado una avalancha de correos electrónicos y cartas sobre el tema al gobernador, Roberto Iglesias, y a los miembros de la Suprema Corte de la provincia. El 8 de marzo, Día de la Mujer, junto con otras ONG de mujeres y entidades de derechos humanos como HIJOS y Madres de Plaza de Mayo, se concentraron frente a la Legislatura de la ciudad de Mendoza con carteles y pancartas para pedir la libertad de Paola. El principal argumento es que consideran que mató a su esposo “en legítima defensa ante las aberrantes y permanentes agresiones físicas y psíquicas y los padecimientos matrimoniales”.
Días atrás, la joven vio uno de los capítulos de la serie televisiva “Los simuladores”, que justamente abordó el problema de una mujer que (como ella) era azotada por su marido y a la que (como a ella) no le tomaban las denuncias en la comisaría. Gracias a la intervención de los simuladores, la protagonista consigue zafar de las golpizas. A Paola le impactaron las similitudes con su historia. Y se lo comentó a sus compañeras de cárcel. “Esa historia yo la viví”, les dijo, conmovida. Las internas la miraron sorprendidas y entre risas le preguntaron por qué no había contratado a los simuladores. Paola, con los ojos tristes, les respondió: “Si realmente existieran...”
Después de mi ruptura con Mario me fui a Londres. En principio me sentía bastante mal, creía que todas las personas a las que quería en mi vida me terminaban abandonando, y esta vez quería ser yo el que lo abandonase todo, el que se marchase lejos sin mirar atrás, sin pena, sin tristeza. Probablemente si hubiese sido verano, me hubiese marchado a cualquier lugar de las costas españolas, donde nadie pudiese encontrarme, pero al ser otoño avanzado tuve que buscar otras alternativas.
Conocí una empresa que te buscaba trabajo y alojamiento en grandes ciudades de la Unión Europea, la más recurrida era la capital inglesa. Me atrajo bastante la idea, además de encontrarme lejos, podría aprovechar para aumentar mis conocimientos de inglés, que aunque siempre se me dio bastante bien en las clases, no es nada comparado a como lo puedes llevar si lo hablas día a día. Así me puse en marcha y en relativamente poco tiempo ya tenía un trabajo y una habitación en una residencia para trabajadores extranjeros. Hice todas las maletas, prepare todo lo que creí que necesitaría y a pesar de las suplicas de mis padres de que aquello era una locura y de que pasaría las navidades solo, no me acobardé y cogí el taxi que me llevaría al aeropuerto.
Pues allí me encontraba, y aunque no es lugar para contar todas mis experiencias en esta gigantesca ciudad si deciros que aquí conocí la libertad completa, la personal y la sexual. Trabajaba y vivía en la orilla derecha del Támesis, era un restaurante de comida rápida (que conocido por todos no nombraré para no darles publicidad gratuita). He de reconocer que en un principio me encontraba completamente perdido, me costaba mucho entender a las personas, siempre te hablaban tan deprisa que te perdías la mayoría de las palabras, debido a esto empecé a tener una amistad con otro chico que trabajaba allí, era también español y tendría un par de años más que yo. Se llamaba José, mediría más o menos como yo, entorno al metro setenta, delgado pero con un cuerpo atlético, de pelo oscuro y unos ojos marrones claros que le hacían verdaderamente atractivo, y su pelo oscuro y su tez morena le destacaban de la mayoría de los ingleses rubios y pálidos. Él se había encontrado en mi misma situación cuando llego, así que se "hizo cargo mío", me enseño la ciudad, me sacaba de marcha para distraerme, me explicaba muchas cosas… era encantador.
Llegaron las navidades y yo como otros muchos las pasaría solo, él estaba en mis mismas circunstancias así que me invito a cenar el día de Nochebuena a su casa, aprovechando que sus dos compañeros de piso estarían fuera. Yo encantado, me arreglé en mi habitación de la residencia, llamé a mis padres para felicitarles las navidades y me marché a su casa. Aunque iba tapado hasta las orejas, hacía un frió helador, la niebla se colaba hasta mis pulmones y cuando llegue a su casa estaba tiritando, él me ayudó a quitarme el abrigo y al ver que tenía frió me paso sus manos a lo largo de mis brazos.
Debido a que yo tenía más ropa y no llevaba mis brazos al descubierto no sentí su piel en contacto con la mía, pero me dio igual porque sentí que me quemaba con sus manos, que traspasaba todo y que llegaba hasta mí. Habían pasado unos dos meses desde la última vez que me tocaba un hombre de esta forma, es más dos meses desde que me excitaba un hombre y sentía un tipo de atracción sexual hacía alguien. Me agarro de la mano y me condujo hasta el salón, yo ya me conocía el camino porque ya había estado más veces en su casa, pero en ese momento me encontraba como hipnotizado. Me pidió que me sentase en una silla y el se fue a la cocina y empezó a traer la comida, la verdad que me sorprendió de todo lo que se había molestado, le dije que había sido tonto, que no era necesario que hubiese preparado todo eso, eran mis primeras palabras desde que llegue a su casa.
Comí como un marqués, le ayude a recoger la mesa y nos sentamos en el sofá, empezamos a conversar, yo siempre creí que él sospechaba de mis inclinaciones sexuales, desde que llegue allí no se lo había contado a nadie, conocía a pocas personas que valiesen la pena de verdad y tenía miedo de que no se lo tomasen bien, pero estaba seguro que él lo sabía. Yo también tenía mis dudas, no le había visto con ninguna chica, cuando habíamos salido por la coche siempre había pasado de ligar, siempre estaba tan pendiente de mí, pero hasta oí es cierto que no le había visto de una forma sexual.
Entre palabra y palabra se recostó sobre el sofá y colocó sus piernas sobre las mías, me pregunto si me importaba y le dije que no, sin embargo me paso como en el momento anterior, otro escalofrió recorrió mi cuerpo y empecé a tener una erección, intente recolocarme de otra forma, el tenía una pierna sobre mi paquete y sabía que lo iba a notar, así que intenté estirarme un poco pero creo que fue demasiado tarde, su mirada y su leve sonrisa me hicieron dudar sobre si se dio cuenta o no de mi repentina erección. Me puse nervioso y me cogí un cigarro, le iba a prender pero me le quito de los labios, empezamos a jugar a "pelearnos" por el y no se como termine debajo con él encima, yo ahora la tenía durísima, creía que iba a reventar mis pantalones, pero esta vez me dio igual, porque ahora sentí la suya sobre mi vientre. Nos mirábamos a los ojos fijamente hasta que se atrevió a dar el primer paso y me beso, sentir sus cálidos labios sobre los míos y su lengua pugnando por entrar dentro de mi boca y jugar con la mía me encendió completamente. Acariciaba su espalda, llegando hasta sus nalgas, las sentía duras como rocas, tensas.
Mientras él no se quedo atrás, subió mi camiseta chupando mi vientre, jugaba con mi su lengua dentro de mi ombligo, sentir su aliento en mi piel me ponía a mil, subió poco a poco, creía que estaba recorriendo cada milímetro de mi piel, mi pene me dolía, chupaba mis pezones como lo hace un niño, succionaba, pasaba la punta de su lengua por encima, se entretenía con el piercing dándole vueltas.
Al rato, cuando mi respiración estaba acelerada, sólo escuchaba mis propios gemidos, descendió y desabrocho mi pantalón, le retiró un poco hacia abajo y acaricio mi paquete, el capullo asomaba por encima del calzoncillo y había una mancha de humedad de liquido preseminal debido a la terrible excitación. Ahora bajo todo mi paso su cálida lengua a lo largo de toda mi verga, estaba excitadísimo y creía que no podría aguantarme y explotaría en cualquier momento, acarició mis huevos, primero con sus dedos, luego se les metió en la boca, primero uno, luego el otro, estaba en el cielo, volvió a mi polla, se metió el glande dentro de la boca y con su lengua limpio la humedad que tenía, acarició por debajo del prepucio y me hizo estremecer, le pedí que la chupase ya por favor, no aguantaba más, aquello parecía que más que placer estaba sufriendo una tortura.
Empezó lentamente a subir y a bajar, se ayudaba con una mano para pajearme o para acariciar mis testículos mientras con la otra se había desabrochado el cinturón y el pantalón y se estaba masturbando. Aumento su velocidad, mi respiración cada vez era más acelerada y más entrecortaba, sentía que me iba a correr, quería llegar hasta el final y le dije que me iba a correr, saco mi polla de su boca y me empezó a pajear como una bestia, el placer era extremo y entonces me corrí, me corrí como en mi vida, me contorsione, levante mis caderas por el orgasmo brutal, varios chorros saltaron de mi polla, como una manguera, se estrellaban contra mi pecho, contra mi cara, entrando en mi propia boca. Cerré los ojos para recuperarme, aun respiraba fuerte cuando sentí sus labios contra los míos, nos besamos, esta vez más pausado, más tierno, como con todo el tiempo del mundo, me acariciaba, esparcía mi semen por mi abdomen, por mi pecho. Pero ahora sabía que me tocaba devolverle el favor a mí.
Le pedí que fuésemos a la cama, se levanto y allí nos dirigimos, antes de tumbarnos, le bese, y le desabotonaba la camisa, ahora era yo el llevaba la iniciativa, se la quite y observe su pecho, me excito, tenía un buen cuerpo, trabajado, pero no en espeso, tenía también algo de vello, pero no demasiado, agarré sus pectorales, estaban duros, acaricie sus pezones, pequeños, pero empitonados, los acaricie con las yemas de mis dedos, sentí como se estremecía, saber que le gustaba todo lo que le hacía me volvió a excitar, tenía los ojos cerrados, le tumbé sobre la cama y chupe, mame, succioné sus dos pezones, me gustaba, tenía las tetillas duras como piedras, empecé a descender, besaba, acariciaba cada uno de los centímetros de su vientre, estaba tenso, caliente, sentía el sabor de su sudor salado en mi paladar. Llegue hasta su polla, terminé de sacarle los pantalones y la ropa interior y me dedique por completo a sus dos grandes huevos, contraídos, enormes, calientes, se les lamí, me metí uno en la boca y le acaricié con el calor de mi lengua, me dirigí al otro, aunque intenté era imposible meterme los dos a la vez.
Comencé a chuparle la polla lentamente, quería que disfrutara y no hacerle correr demasiado pronto, yo también quería disfrutar de ese mástil de carne entre mis labios, poco a poco me la introduje hasta el fondo, sentí como traspasaba la campanilla y la alojaba en mi garganta. Permanecí así unos segundos, tenía su polla palpitando dentro de mi boca, mi labio inferior estaba en contacto con sus gordos huevos, mi nariz aspiraba el aroma de su vello púbico, una mezcla entre sudor, limpieza y a hombre. Me la saqué, me estaba empezando a dar una arcada así que continué mamandosela, con una mano me ayudaba para hacerle una paja mientras que con la otra acariciaba su perineo, llegue hasta su ano, hacia círculos con mis dedos, hasta que le introduje uno, despacio pero con firmeza, sentí como tenso su cuerpo y como su polla se puso aun más dura, se la mamaba mientras jugaba con mi dedo dentro de él. Cuando empecé a notar su polla palpitar me aviso de que iba a correrse, me la saqué de la boca, le pajee rápido, con todas mis fuerzas hasta que estallo en una catarata de semen que le mancho todo su vientre, llego hasta mi cara, mi pelo, mi cuello.
Nos volvimos a besar, limpio los restos de su corrida con su lengua, y nos fuimos a duchar. Con José tuve muchas experiencias sexuales, y con el empecé a salir por el SOHO (el barrio londinense donde se encuentran muchos bares y discotecas de ambiente). Unas veces terminaba follando con él, otras con otros, otras veces éramos tres, estaba desmadrado. Nunca fue amor, le tuve mucho cariño pero como amigo, como compañero de juegos, se que para él era igual. Yo había terminado terminado una relación y me fui allí para conocer otras cosas, a otras personas, otras experiencias, otras sensaciones… y aun me quedaban muchas cosas por vivir.
Enviado por… Bruno Rodríguez (Galicia)
Aquel verano de 1.998, al igual que todos los anteriores desde mis más tierna infancia, me disponía a viajar a Sada (A Coruña) a pasar las vacaciones estivales junto a mis padres y hermano, pero esta vez con alguna diferencia que otra. Este año mis apuntes y libros de textos no debían acompañarme conmigo, el mes de septiembre no me aguardaba con ningún examen de recuperación. Pero sobre todo, la diferencia más importante y que más llamaba la atención, es que había dejado de ser una niña encantadora y entrañable, para convertirme en una jovencita de 18 años.
Medía 1,69 metros, tenía una figura espléndida: unas largas y contorneadas piernas, un vientre plano y ligeramente marcado por la práctica de algún que otro deporte y un par de pechos de un considerable tamaño para mi edad y muy bien puestos. Todo ello adornado por una bonita piel que guardaba el bronceado de un verano al otro. No tenía una cara angelical, pero mis ojos verdes y mi cabello negro me hacían ganar enteros.
Aquel año nos alojamos, mi familia y yo, en el piso que habíamos heredado de la abuela, se encontraba en una urbanización con una gran piscina y bonitos jardines. Allí había podido hacer amigos durante todos los veranos anteriores, con lo que siempre tenía gente con la que jugar en la urbanización y el campo. Mi hermano, como era 2 años mayor que yo, llevaba tiempo yendo sólo a la playa por las tardes, mi grupo de amigos y yo nos pusimos de acuerdo para pedir a nuestros respectivos padres que nos dejaran ir solos a la playa por la tarde.
Y fue en esas tardes en las que mis amigos y yo fuimos descubriendo los cambios que la naturaleza había promovido en nuestros cuerpos. Los chicos se veían muy bien, todos ellos jugaban al fútbol en sus respectivas ciudades de origen, y con el estirón de la juventud se habían quedado con un cuerpazo, todos ellos bien marcados. Las chicas por nuestra parte, teníamos todas ya una figura muy, muy femenina, algunas con más pechos que otras, pero todas con unas caderas y un culo muy bien diseñado. Era impresionante ver a un grupo de 4 chicas corriendo por la playa viendo como los muslos morenos daban paso a un culo tan bien puesto y que resaltaba con los minúsculos bikinis que nos gustaban utilizar.
Pero a pesar de que los cinco tíos de mi grupo se veían muy bien, yo caprichosa como siempre, me había fijado en Diego, el chico que ayudaba a su padre en el alquiler de las barcas de patines. Yo le calculaba mi edad, pero el hecho de que ya estuviese trabajando me llamaba mucho la atención, la forma ruda en la que ataba las barcas con una gruesa soga al embarcadero en miniatura que había en la orilla, me hacía pensar si sería capaz de tratar a una chica con delicadeza.
Un día, una de las 2 barcas que habíamos alquilado para dar un paseo se averió, con tan mala suerte que mi amiga Cristina se había pillado un pie en el pedal. Así que el padre del muchacho de las barcas la acompañó al puesto de la Cruz Roja, que estaba un poco retirado de donde estábamos. Dos amigas decidieron acompañar a Cristina mientras yo me quedaría esperando junto a Diego a que los chicos regresaran de su paseo para avisarles, ya que habían salido antes.
Llevábamos cinco minutos esperando en la orilla, sin resguardarnos del sol y pasando un calor impresionante, imaginaos España, en Agosto, a las 17h00 yo ya no sabía donde meter mis pies para no quemarme con la arena cuando, una dulce voz que jamás había oído interrumpió ese silencio:
-- Ehm… perdona, mira tus amigos al menos tardarán media hora en regresar de nuevo a la orilla, quizás, no sé, sería mejor esperarles en la caseta que tenemos mi padre y yo… Así no pasaríamos tanto calor y podría ofrecerle algo fresco de beber… Es lo menos que puedo hacer por ti después del accidente de tu amiga.
-- Oh, vaya te lo agradecería, lo cierto es que estoy sedienta –. Dije a Diego pasando mi lengua por mis labios. Este hecho inocente, acabó siendo un poco sensual y me puse roja.
Diego me indicó la puerta de la caseta y entramos. Era un habitáculo muy simple: dos hamacas con colchoneta, una nevera portátil con hielo y latas de refresco y un pequeño transistor.
Diego me invitó a sentarme en una de ellas y el hizo lo propio en la otra. Como no sabía muy bien como sentarme, ya que las hamacas eran para tumbarse, me senté en el borde de la misma, con las piernas muy abiertas, una a cada lado de la hamaca. Él se recostó de medio lado, apoyado sobre el codo.
Empezamos a hablar de los planes que teníamos, de los bares de copas y chiringuitos del paseo marítimo, de si nuestros padres nos dejarían por fin salir a mi, a mis amigas, etc. Cuando vi que su mirada sistemáticamente se desviaba de mi cara. Parecía mirar al suelo, algo que me contrariaba porque, aunque al principio estábamos cortados, luego cogimos confianza y hablábamos con naturalidad. Pero de repente caí en la cuenta de que me había sentado demasiado abierta de piernas, miré hacia abajo y vi que mi bikini mojado por el último baño en el mar se había introducido por completo en mi rajita.
Alcé la vista y le miré sorprendida pero no enfadada, él se puso rojo e hizo lo propio: miró a su bañador y una tremenda erección se adivinaba bajo la tela.
Nos volvimos a mirar y yo, lejos de avergonzarme, me dejé llevar.
-- Vaya Diego, que manera de empezar nuestra amistad… no te sientas mal, no pasa nada, es normal que pase esto cuando dos personas se atraen…
-- Ya, Bárbara, pero es que me dio mucha vergüenza, no suelo estar acostumbrado a estar en intimidad con una chica, no sé si me entiendes…
-- Claro que te entiendo, si eso te preocupa, yo nunca he pasado de besos y magreos con ningún chico… Los tíos de mi instituto son idiotas.
-- Yo por mi trabajo no puedo relacionarme demasiado, y cuando mi padre me da permiso para salir sólo lo hago con mi primo, no conozco a chicas aquí en la playa, todas van y vienen, no se paran nunca a hablar con el muchacho de los patines…
-- No digas tonterías, eres un chico muy guapo y seguro que eres realmente interesante –. Le dije guiñándole un ojo y tirándole un beso… Me sentía dueña del juego.
Él se levantó y se dirigió impávido a mi hamaca, al levantarse su polla se mecía dentro de su bañador, dura y amenazante, de un lado a otro, como un árbol agitado por el viento. Yo me sorprendí de que decidiera avanzar hacia mí. Se sentó justo por detrás de mí, abriendo igualmente las piernas; al ir descendiendo, su polla rozó toda mi espalda hasta mi culo. Eso hizo que todo mi cuerpo se estremeciera, cuando volví en sí, sentía que una polla dura palpitaba en mi culo.
No sabía que hacer, probé a girar un poco mi cabeza hacia atrás para mirarle a los ojos e intentar saber que hacía, pero no tuve tiempo, me choqué con su cara y un profundo beso, eterno, apasionado, húmedo, nos unió. Yo, envuelta, en un universo paralelo, atemporal, me giré ágilmente, situándome de piernas abiertas hacia él. Nos besábamos, nos acariciamos frenéticamente.
Sus manos a priori apoyadas en mis hombros comenzaron a descender hacia mi culo, una de ellas ascendió y me desabrochó la parte de arriba del bikini dejando mis grandes tetas con mis duros pezones hacia él. No dudó un instante y se dirigió hacia mis pechos, los lamía y jugueteaba con mis pezones mientras mis manos descendió y se introdujo en el bañador, agarré su enorme polla y la acariciaba lentamente, un pequeño gemido se le escapó.
Se reclinó en la hamaca y yo hice lo propio. Acercaba mi boca a su bañador mientras que con mis manos se lo quitaba. Su polla dura saltó como un resorte hacia mí, quedando su capullo rozando mis labios. Saqué mi lengua y lamí su glande, abrí mis labios e introduje su polla en mi boca y comencé a mamársela como mis amigas me habían contado que se hacía y como pude ver en alguna película porno de mi hermano.
-- Por favor… Oh, sí, Bárbara, que placer, Dios, me pones muchísimo, uhmmm… para o harás que me corra.
-- Está bien cielo, yo también quiero disfrutar de ti… –. Dije mientras me incorporaba y me quitaba mi bikini inferior y se lo arrojara a su cara. El lo olió y se tiró hacia mi coño como un león se tira a por sus presas.
-- ¡¡ Sí, joder, Diego que placer !!. Esto es nuevo para mi, Dios, dime que significa esta corriente eléctrica que me recorre el cuerpo, ufff sí, sigue, eso es, cómete mi coñito, Dios que gusto. ahhh.
-- Me encanta besar tu cuerpo y recorrer tu piel con mi lengua, quiero follarte, quiero que seas la primera chica con quien lo haga –. Decía Diego masturbándose su polla.
-- Pues no pierdas tiempo y métemela, estoy deseando sentirte dentro de mí.
Colocó su miembro a las puertas de mi vagina súper húmeda y caliente, y poco a poco introdujo su capullo. Yo me mordí el labio de dolor, pero pronto éste dejó paso al placer. Su tronco era engullido por mis labios vaginales. Cuando abrí los ojos otra vez tenía el rostro de Diego desencajado de placer y su polla dentro de mí.
El placer que sentía era indescriptible, él con su cadencia rítmica magníficamente acompasada me penetraba una y otra vez. Sus huevos chocaban contra mis nalgas, y sumados a nuestro sudor y a mis flujos, provocaban ese característico sonido al que pronto nos acostumbramos las chicas. Pero todo no podía ser tan bueno, su inexperiencia en algo debía notarse, y es que su gesto me indicaba que todo esto ya se iba a acabar sin llegar al orgasmo.
-- Cielo, uff, síii, joder… Lo siento, no puedo aguantar más, no puedo… Oh, Oh, ahh.
-- No te preocupes amor, sé que es tú primera vez igual que la mía, y te aseguro que estoy más que satisfecha –. Decía esta frase acompañada de enormes gemidos para tranquilizarte.
-- Fóllame cabrón, pero no te corras dentro de mí, por favor.
Sin saber muy bien que hacer, sacó la polla de mi coño, se puso en pie y empezó a masturbarse. Era un espectáculo increíble: estaba tumbada boca arriba, entre sus dos piernas y su polla dura y empapada a punto de estallar. Sin tiempo casi para apreciarlo, un chorro tras otro de leche espesa salían de su polla, con tanta fuerza que alguno me sobrepasó sin rozarme, pero otros golpearon en mi cara, mis tetas o mi tripa. Me puso perdida de lefa caliente, eso me volvió loca.
Él cayó desfallecido sobre mí, me relamí los restos de leche y nos besamos y abrazamos. Sin perder tiempo, nos pusimos el bañador y me dirigí al mar a limpiarme los restos del placer, mientras el hizo lo propio con la caseta. Al sacar mi cabeza del agua vi que mis amigos comenzaran a aproximarse a la orilla.
-- Por poco –. Pensé.
Actualizado el 30 de Octubre de 2.009
En los títulos marcados en naranja son enlaces a los vídeos (espero que sea de vuestro agrado)
Olga Teresa Tañón Ortiz, cantante puertorriqueña nacida en Santurce (Puerto Rico) el 13 de abril de 1.967.
Procedente de una familia humilde, sus padres la criaron con mucho sacrificio. Su infancia y adolescencia transcurrieron de forma sencilla y hogareña al lado de Doña Carmen, Don José y sus hermanos mayores Glori, Junior y Marie.
Desde muy pequeña, Olga mostraba una gran pasión por el arte y a los 8 años comenzó a participar en el coro de su iglesia, obras de teatro organizadas por la comunidad y certámenes de canto, que irónicamente, nunca ganó.
Su primer álbum “Sola” (1.992), acaparó las listas de éxitos y rápidamente se convirtió en Disco de Platino, por la venta de más de 100.000 copias en Estados Unidos y Puerto Rico.
“Sola” consagró a Olga como merenguera por excelencia, lo que eventualmente le abrió las puertas a otras artistas en un mercado que hasta entonces había estado controlado por el sexo masculino. Con su siguiente producción, “Mujer de Fuego” (1.993), en el que también hizo su debut como productora, la cifra de ventas se duplicaron, alcanzando Doble Disco de Platino. El éxito de la “Mujer de Fuego” fue absoluto, rompió las expectativas de venta y escaló los primeros lugares de popularidad, no sólo en Puerto Rico y Estados Unidos, sino también en América Latina. Temas como “Vendrás llorando” y “Muchacho malo”, se escucharon ampliamente a lo largo y ancho del continente americano. “Siente el amor” (1.994), su tercera producción obtuvo doble disco de platino por la venta de más de 200.000 copias y incluyó éxitos rotundos como “Es mentiroso”, “Entre la noche y el día” y “Una noche más”.
Los años 1.994 y 1.995 fueron muy importantes en la carrera de esta artista, ya que recibió varios galardones con motivo de su éxito. Por dos años consecutivos fue escogida como el “Rostro más bello de la televisión puertorriqueña”, por los lectores de la conocida revista TV-Guide de Puerto Rico. Además, recibió en los mencionados años, el premio a la “Mejor agrupación de Merengue de Puerto Rico”. En 1.995, Olga tuvo el honor de ser seleccionada madrina de la Parada Puertorriqueña de New York. Ese mismo año, Univisión le otorgó el Premio Lo Nuestro como “Mejor canción del año”, por el tema “Presencié tu amor” y “Artista del año” y “Álbum Tropical del año” por la producción “Siente el amor”.
En su natal Puerto Rico, el Senado designó el 9 de Noviembre como “El día de Olga Tañón”, en reconocimiento a su talento y a los logros obtenidos en el ámbito internacional, que la convierten en ejemplo para la juventud. A finales de 1.995 se lanza al mercado “Éxitos y más”, una recopilación de sus grandes melodías, que en una semana se convirtió en Disco de Platino.
Ese mismo año volvió a los estudios, pero en esta ocasión con una propuesta muy diferente y un gran reto en su carrera: grabar un disco pop-balada. Fue así que su talento se unió al del conocido compositor Marco Antonio Solís, quien produjo “Nuevos Senderos”. Olga superó las 500.000 copias vendidas, por lo que recibió la certificación Oro por la compañía “Recording Industries of America (RIAA)”. Si con las anteriores producciones, la “Mujer de Fuego” se consagró como la Reina del Merengue, con “Nuevos Senderos”, demostró que tiene la versatilidad para abordar cualquier género musical.
En 1.997, Olga volvió a los estudios para grabar “Llévame contigo”, producción de Merengue en la que se desempeñó nuevamente como productora. De esta producción, se destacaron diversos temas, entre ellos: “Serpiente mala”, “Qué grande es el amor”, al igual que “Llegó el amor” y “Porque no te encontré”.
En 1.998, fue escogida como Reina del Carnaval de Miami. Olga tuvo el honor de ser la primera puertorriqueña a quien se le otorga tal distinción, engalanando las fiestas que se celebraron en la ciudad de Miami durante este popular festival. Fue este álbum “Llévame contigo” que le trajo su primera nominación en la categoría de “Mejor álbum tropical” de los codiciados “Grammy Awards”. Además, en la tierra del merengue, República Dominicana, la Asociación de Cronistas (ACOARTE), le otorgó el Premio Casandra a la Excelencia artística, el máximo galardón de la institución.
Ya convertida en una artista internacional, en 1.999 Olga presenta su producción discográfica “Te acordarás de mí”, producida por el maestro Rudy Pérez. Con temas del propio Rudy Pérez y el afamado productor Kike Santander, “Te acordarás de mí” obtiene Disco Triple de Platino en su primera semana. Esta grabación que incluye un dúo con Cristian Castro: “Escondidos”, se convirtió en un súper éxito en toda Latinoamérica. “Te acordarás de mi” le abrió las puertas a varios países de América Latina, principalmente a Chile, donde “Hielo y Fuego” fue el tema de la telenovela “Sabor a ti”, la más popular de ese país.
Con el lanzamiento de “Olga viva, viva Olga” a finales de 1.999, se cumplió uno de los grandes sueños de la cantante: grabar un disco en vivo y el deseo se realizó por todo lo alto en el prestigioso House of Blues, de Orlando (Florida), con una adición perfecta a su grupo, el reconocido trompetista Humberto Ramírez, como director musical.
En el House of Blues, Olga electrificó al público con su energía y cautivó con su versatilidad, interpretando temas con ritmo de Balada-Pop, Bachata, Boogaloo y Salsa. El resultado fue una grabación de excelencia que incluye varias sorpresas, como el tema bilingüe titulado “Viva la música” y el clásico de Willie Colón y Héctor Lavoe “Ah-ah/oh no”.
En el año 2.000, trajo un cambio de imagen para Olga: cabello rojizo, ojos claros y una espléndida figura. Habiendo conquistado Latinoamérica desde el Carnaval de Santa Cruz en Tenerife, presentaciones en los principales programas de televisión hispana en los Estados Unidos, hasta emotivas presentaciones el el principal estado de El Salvador, en donde el público de ese país se desbordó en cariños para la artista, esta gran artista entraba la próxima etapa de su carrera. La demanda por la “Mujer de Fuego” fue tal que en el mes de mayo, la cantante complació a su fiel fanaticada al anunciar la salida al mercado, con gran éxito, una muñeca con su rostro y figura.
En el verano de 2.000, su espectáculo en la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes, Luis A. Ferré, llenó la capacidad un total de doce funciones, récord para una intérprete femenina en esta importante plaza. La vocalista mostró una vez más que es profeta en su tierra, al recibir, noche tras noche, el cariño y la ovación del pueblo Puertorriqueño. En agosto, Olga se convirtió en la primera Puertorriqueña en presentarse en el prestigioso Bass Performance Hall de Fort Worth, Texas, considerada una de las principales salas de concierto en el mundo. Panamá, y una emotiva presentación en el teatro de Anayansi cerraron un 2000 lleno de éxitos y recuerdos para la Tañón. A un compromiso con la niñez la llevó a cantar a beneficio del Orfanato de San José de Malambo, que alberga a más de 250 niños huérfanos.
La producción "Olga Viva, Viva Olga", continuó brindando éxitos a la vocalista en el 2.001. En febrero, la artista viajó a la ceremonia de los Grammy, en donde se convirtió en la segunda Puertorriqueña que gana la codiciada estatuilla de la industria del disco, casi treinta años después de Rita Moreno. El mayor mérito del galardón recibido por Olga, es que fue una producción realizada totalmente en vivo.
Ahora Olga nos presenta su nueva producción discográfica, “Yo por ti”. Con esta nueva producción la "Reina del Merengue" une su talento a los más importantes productores y maestros en el mundo de la música Latina: Ángel "Cuco" Peña, Manuel Tejada, Humberto Gatica y Kike Santander. A petición del publico, La Tañón nos delata con su primer disco tropical en cuatro años y el primero que se lanza simultáneamente en el ámbito internacional.
La elaboración de “Yo por ti”, bajo el sello discográfico Warner Music International, toma seis meses en completarse, ya que cada uno de los temas fue escogido "a mano" entre más de 250 temas escuchados por la artista y su equipo de productores ejecutivos Glori Tañón y Rafa Muñiz, El resultado final…, una joya musical de 11 temas que reúne la fusión de ritmos como el Merengue, el Guaguancó, el Boogaloo, y el toque romántico de la Balada.
Usando los recursos más modernos disponibles en el mundo de la música, Olga graba la voz de la versión balada de “Como Olvidar” (el primer sencillo) en los estudios de Walt Disney Productions, Disney I.D.E.A.S., mientras vía satélite se grababa la música en el estudio de Humberto Gatica en Los Ángeles.
En "Yo por ti", podemos encontrar las siguientes canciones: "Quiero que tú me quieras", "Yo por ti", "Cómo olvidar", "Tu te Lo pierdes", "Ahora soy mala", "Prohibido el paso", "Pegaito", “Me Gusta" y “Miénteme”.
La carrera de esta "Diva Boricua" continúa en ascenso y al parecer no tiene límites. Un nuevo contrato con la disquera Warner Music International la llevará, comenzando con este álbum "Yo por ti", a conquistar nuevas plazas sin abandonar las que siempre le han respaldado. En el 2001, Olga hará sentir su música alrededor del mundo. Le espera un regreso a España, que aguarda con ansiedad, varios países de Europa, en donde ya se ha comenzado a calentar su fuego y después el Oriente.
Lo mismo sucedió con su éxito en el álbum “Sobrevivir” que la lleno de muchas satisfacciones en tanto el ámbito personal como el profesional. De este álbum destacamos “Así es la vida”.
La siguiente producción de Olga Tañón lo es “Una nueva mujer” fue un éxito de disco, el cual canta una canción con su hija Gabriella Marie “Sin ti no puedo vivir" Ese mismo año, 2.005 visitó España, pasando por el programa Operación Triunfo y luego al festival d de la candelaria en Tenerife, dando allí, un espléndido concierto en el cual hizo bailara todos y también emocionarlos, fue un concierto muy espectacular. De este disco destacamos “Bandolero” y “Vete vete”.
En 2.006 lanza “Soy como tu” un nuevo disco que lanza con la disquera Univisión records y otra vez más un éxito sumado a su larga lista. Soy como tu es una mezcla de balada merengue pop...Su primer sencillo "Desilusióname" y su segundo sencillo “María” son dos de las canciones mas bonitas y emotivas del disco. Ese mismo año Olga, hace participación en el festival de la orquídea en el Venezuela (Zulia) y hace historia como la rimera cantante latina mujer que se lleva la orquídea de doble diamante.
Tras un receso de embarazo en 2.007 por su retoño Ion Naire viene pisando fuerte con una nueva producción...Una recopilación de canciones de grandes artistas de España, Puerto Rico etc.. Se titula "Éxitos en dos tiempos" y su primer sencillo se llamó "Hoy quiero confesar" de Isabel Pantoja.Sin duda un éxito mas...
En 2.008 viene con una producción en vivo "Fuego en vivo" en la que se graba una serie de conciertos en su tierra natal, Puerto rico...
Una serie de conciertos que dura 3 días consecutivos, con invitados de honor como Jenny Rivera (“Cosas del amor”), Tito el Bambino (“En la disco”), Gloria Trevi ( “Lo que te toca” ), entre otros.
El trabajo de Olga Tañón ha sido constante, y es así que en 2.009 saca un nuevo álbum titulado “25 éxitos de Fuego”, con el que llegó desplazando a todos a su paso para establecerse en los primeros lugares de ventas.
De esta producción se desprendió como primer sencillo “Amor entre tres”, track que es de la autoría de Tañón, el cual fue tema principal de la telenovela venezolana “La vida entera”.
El trabajo más reciente de Olga es el tema “Viviré por tí”, canción que interpreta con el tenor Nathan Pacheco y el pianista Yanni, esta melodía se presenta en el más reciente disco del pianista.
En este año 2.009 no podían faltar los premios, y es así que conquistó 2 premios “Lo nuestro” en las categoría de Artista Femenina Tropical del año y Artista Tropical Merengue. Además de llevarse un galardón más como reconocimiento a su carrera artística.
El trabajo de Olga Tañón ha sido constante, dándole como beneficio ser la consentida en el género tropical.

Miré por la ventana, la luz del sol me había despertado. No quería mirar el reloj de la mesilla, seguro que era demasiado pronto...
Noté mis parpados hinchados y me acordé de la noche anterior mientras mi cuerpo comenzó a temblar. Cada noche era peor y cada noche, sin apenas darme cuenta, algo moría dentro de mí.
No recuerdo en qué momento dejé de sujetarme a la tabla de los buenos tiempos, aunque ya dudaba si alguna vez los hubo.
Intenté recordar las palabras que salieron por su boca, pero no podía acordarme, nunca me acordaba cuando me acostaba llorando...sólo tenía esa horrible sensación de no valer nada y de no saber qué hacer para que acabasen los gritos, los insultos, las mentiras, los golpes en la pared...
El sol seguía molestando, así que bajé la persiana con cuidado, sabiendo que si le despertaba sería peor.
La habitación volvió a quedarse oscuras, cerré los ojos e imaginé qué sería de mi vida si no le hubiese conocido y pensándolo me quedé dormida y comencé a soñar...soñé que era feliz, que no existían los gritos, ni los insultos y entre sueños vi a mi abuela (muerta hacía pocos días) a los pies de la cama...me acariciaba el pelo y me miraba con cariño pero también con tristeza...entre sueños sentí vergüenza de que mi abuela se hubiese podido enterar de la clase de persona en la que se había convertido su nieta y lloré y de tanto llorar terminé durmiéndome.
Sobresaltada me desperté al sentir su codo en las costillas, era su particular forma de darme los buenos días....
Amanecía otro día, otro día en el que me esforzaría por ser perfecta, aunque eso no sirviese de nada.. Pero le quería y sabía que algún día él se daría cuenta y mi vida podría ser como siempre había soñado. Pero ese día nunca llegó.
La vida de Rafa se resumía en una palabra: compulsa. Día a día consagraba su mañana a la compulsa de fotocopias que, por supuesto, correspondieran con sus originales. Rondaba la cuarentena y tras quince años de servicio municipal su cuerpo ya no era el de antes, la barriga sobresalía en sus polos y era evidente que pronto tendría una buena calva.Entre compulsa y compulsa leía el periódico, llamaba por teléfono o tintineaba los dedos en la mesa, mirando a la pared de enfrente. También bajaba a menudo a Organización, quizás buscando evadirse un rato, hablar con algún conocido o simplemente no estar en aquella mesa, junto a la gran puerta de madera con un cartel que decía “Compulsas de 9:00 a 13:00 horas”.
Era aquel un trabajo cara al público lo que le ocasionaba multitud de encontronazos diarios. El mundo de las compulsas es complejo y delicado, algo que la gente de a pie no termina de comprender. Rafa se había atenido siempre a la Biblia del personal de compulsas, el Manual de Procedimiento Administrativo, pero por mucho que lo explicaba la gente no comprendía que un billete de avión o la carta de un buen amigo no se podían compulsar. Quizás un notario lo hiciera, pero en el puesto de compulsas municipal estaba estipulado lo contrario.
A menudo también la gente se quejaba del precio de las compulsas, 1’43 euros, más aún cuando se habían olvidado de hacer la fotocopia al documento original y Rafa les decía que no tenía con qué hacérsela. Esto era cierto a medias, el departamento de al lado tenía una pero estaba bien escondida para evitar estas situaciones. Además, le habían dejado claro que las fotocopias debía aportarlas el ciudadano.
Había ocasiones en que surgían conflictos bien desagradables, gente que muy indignada le decían que los del ayuntamiento y él en concreto eran unos chorizos y unos desalmados, que en lugar de ayudar a solucionar los problemas lo que hacían era agravarlos. Rafa intentaba hacer comprender a la gente que la burocracia es así, incluso los invitaba a poner una reclamación al ayuntamiento para que el servicio se mejorara. Cuando al fin se iban, Rafa refunfuñaba, mascullaba pequeñas maldades sobre sus insultantes, no comprendía cómo la gente podía ser así.
Un día Rafa recibió una carta de la Agencia Tributaria, la llamada Hacienda. Era el borrador de su declaración. Lo abrió con ilusión porque supuso que le devolverían un buen pellizco, su mujer y él tenían dos hijos, sueldos mediocres, la hipoteca aún por veinticinco años y el préstamo del volkswagen. Sin embargo, no le habían tenido en cuenta nada de aquello, era como si su mujer y él vivieran solos y sin un solo gasto, así que les salía a pagar una barbaridad.
A la mañana siguiente pidió el día de asuntos propios y se dispuso a solucionar aquel malentendido. Fue a la oficina de la Agencia Tributaria de su distrito donde esperó hora y media antes de ser atendido. Allí le dijeron que necesitaban los documentos para justificar todo aquello, así que sacó de su maletín de piel el libro de familia, el contrato de la hipoteca, el del préstamo del coche, sus contratos de trabajo y nóminas, dni’s,… en fin, todo lo que supuso que necesitarían.
Pero es que necesitamos copia compulsada de toda esta documentación, le dijeron. Fue al banco y le sacaron copia de los contrato y se las cotejaron, así como de la compra del vehículo. Posteriormente fue al ayuntamiento y la compañera que le estaba sustituyendo en su día de permiso le compulsó el resto. Volvió con sus documentos a Hacienda y esperó otra hora hasta que le volvió a tocar. Comprobaron los datos y estaban correctos, a excepción del domicilio que estaba equivocado en el registro de la Seguridad Social. Entonces fue la Seguridad Social para que le pusieran bien el domicilio, esperó otra hora larga y cuando le atendieron le dijeron que para cambiar el domicilio necesitaban algo que justificara que él vivía allí. Fue a su casa y volvió con una factura de la luz, pero el señor que le atendió en esta ocasión le dijo que debía ser algún documento oficial, contrato de alquiler, compraventa, nota simple,… así que volvió con las escrituras pero le dijeron que antes le debían sacar copia compulsada.
Eran ya las dos y media de la tarde, iba sudando, con el polo saliéndose por sus pantalones y dejando ver parte de su barriga. Entró al ayuntamiento y pidió a su compañera que le compulsara las escrituras.
- Rafa, ¿y las fotocopias?
No llevaba fotocopias, se le habían olvidado. Se miraron un momento a los ojos, él sabía que su compañera era al menos tan escrupulosa con el Manual de Procedimiento como él. Y Rafa hacía ya mucho tiempo que se quería ver al otro lado de la mesa.
Va llegando sola, simplemente aburrida o naufragando sin porqués en un mar de dudas y complejos que dan señal de la inseguridad de su alma frente a las tempestades ocasionalmente emocionales que la atormentan.
Es otra cita con la soledad, esperando impaciente por cruzar la calle de la melancolía; queriendo encontrar en la cafetería algún príncipe vestido de solución que la saque del tedio, de la rutina que agobia.
Va escuchando sonidos sordos de un corazón que pide a gritos un cambio de planes, una droga nueva que saque sentimientos y transporte el alma a un nuevo espacio; uno en lo que no esté él.
Es casi imposible no pensar al cruzar el umbral de aquella cafetería, un desfile de sensaciones que se disputan la coronación de la atención atraviesan su calma. Es inconcebible no creer que podría ser cualquiera, que la vida consiste en buscar, en soñar, creer que la ingenuidad no es tan mala y que es posible ganar.
No lo duda un momento y desfila por entre las mesas y las miradas de aquellos que estaban en el lugar como ciegos escuderos de un fuerte de alcohol, con esas caras de pertenencia, de propiedad inviolable…
Toma una mesa en el fondo, pide una cerveza, enciende un cigarrillo e inmediatamente la mente le confirma que no queda más. Ya es imposible vivir como colgada de un hilo de aquel recuerdo que la dejó en el medio de un desierto sin sed, sin calor y sin dolor.
Ya era imposible creer que algo volvería a repetirse, que sus ojos podrían volver a verlo y que sus oídos tendrían el placer de la dulce melodía de sus labios.
Volvió a buscar su bolso, revolvió por un momento entre cigarrillos, unos tickets viejos y un rímel y sacó un papel escrito con birome que tenía como desdibujada o gastaba simplemente por el tiempo la dirección de aquella cafetería.
Aquella cafetería al que una vez el quiso llevarla. Donde una tarde le prometió que la llevaría al cielo y que las estrellas serían su cama. Aquella cafetería donde el amor se avergonzaba ante sus miradas que pedían más y desafiaba la ley del “terminar”.
Simplemente no quería recordar, pero a cada instante, a cada paso que daba, un recuerdo parecía copar el lugar por completo y la obligaba a retomar aquel viejo dolor que a cada paso dejaba más cicatrices sobre las viejas, carcomiendo vestigios de ilusión, llenando de una morfina una realidad pagana y desgreñada.
Esta vez no sería igual, era momento de cortar la soga, probar el final, creer que luego del abismo algo habrá, caminar hasta el acantilado confiada en el continuar.
Simplemente tomó aquel papel y lo colocó sobre el cenicero. El encendedor había cubierto de llamas el pasado que no quería llevar consigo: el peso inconsciente sobre unos hombros cansados y lastimados de cargar frustraciones y desencantos que solo llevan a la locura ordinaria que transforma y desorbita la posibilidad de una noción más simple sobre lo simple que tendría que ser el vivir.
No es fácil dejar atrás lo que no quería olvidar, pero era lo suficientemente egoísta como para dejarse llevar por la corriente del fracaso de un amor y no volver a nacer de sus cenizas dispuesta a continuar y buscar el placer para sí.
A esta altura, su mesa era casi una formación de soldados rubios y un cementerio de filtros; pero nada podía hacer ya: el volver atrás era imposible y significaría el miedo a avanzar, el correr hacia adelante implicaba una cuota de seguridad que aún no poseía.
Esperar… esperar pero no parar. ¿Cual difícil es predecir el capricho del destino que sin pensar en las consecuencias trajo a su vida a aquel que no sería eterno, usando al azar de escudero creyendo en el juego y no queriendo responsabilizarse por “daños causados”?.
Sería perfecto acabar, pero tal vez aún no deseaba olvidar, existía un vínculo impensado, casi incomprensible que la ataba a la necesidad del sufrimiento y el dolor que él le provocaba. En aquel momento en que su autoestima estaba dispuesto a ponerse de pie, una figura se dibuja en el umbral de la puerta del lugar y al cruzarla, la imagen más perfecta que sus ojos pudieran mostrarle le confirman un segundo después, que era él.
De repente volvió a mirar como no creyendo ver aquello y vislumbró una prolongación que se extendía del brazo de aquella persona. Enseguida consigue ver que “aquello” era una persona, casi era un ángel y él la llevaba de la mano. Aquella mujer era la luz que deslumbró a todas las personas del lugar que quedaron contemplándola por un instante sin pensar en nada…
No había más que decir, era su novia; y fue el último puñal que contribuyó al lento asesinato de un corazón moribundo que esta vez no quería más.
Casi de un salto, ella se levantó de su mesa, fue hasta la barra y pagó su cuenta a la camarera con acento argentino, sin embargo tenía una segunda cuenta, esta vez por cobrar…
Fue hasta la mesa que ambos habían tomado, se acercó a la “novia feliz”, la saludó con la mirada, se dio la vuelta, lo miró a él y simplemente lo besó.. Sin importarle nada, se retiró y salió de la cafetería rumbo a casa.
La tarde estaba en pena, la lluvia lavaba las calles de la ciudad llevándose pisadas perdidas por las veredas de la soledad que ella hoy debía transitar, levantó la cabeza, cerró sus ojos y dejó que las suaves gotas curaran sus heridas y el placer del agua llenaba de paz su interior.´
Así como el agua en la naturaleza todo lo puede modificar, es así como en ella iba a sacar, nada es demasiado difícil, nada es eterno y todo va a terminar.
-- Déjame volar (dijo en voz alta), no quiero estar atada a este lugar…
Y es así como el traje de la gran ciudad la vio perderse entre los edificios que como celosos guardianes de sueños vigilaban su pasos y el horizonte se la llevó y el camino solo la acompañó.

























