> Leyenda Gallega: El perro de la muerte.

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El perro de la muerte Habí­a un conde que tení­a atemorizados a los paisanos de las Tierras Altas con un perro de los llamados “perros de guerra ” o “perros de la muerte” al que todos llamaban “Demo” (demonio en gallego). Era éste un can grande aunque no tanto como los que guardaban y protegí­an los rebaños de los pueblos contra los lobos, pero este perro habí­a sido entrenado para matar a personas en la guerra. Se decí­a de él que habí­a matado a muchos enemigos en las batallas pero ahora el Conde lo utilizaba para amedrentar y someter a sus vasallos.

En cierta ocasión se presentó el conde en uno de los pueblos de las tierras Altas, y convocó a sus habitantes en el punto de reunión del Concejo. Les amenazó para que pagaran más impuestos pero como los vecinos se negaban mando azuzar al perro. La gente huyó despavorida y se refugiaron en sus casas. El conde eligió una de ellas y ordenó a sus soldados que rompieran la puerta, tras lo cual soltaron al perro dentro. El feroz animal mató a todos los que encontró dentro, incluidos los niños. Aterrorizados por tan espantoso suceso, todos se avinieron a cumplir los deseos del infame conde.

Entre los muertos estaba una hermosa joven prometida en matrimonio con un primo suyo del mismo lugar. Este mozo estaba tan desolado que cogió los perros del rebaño por ser los mas grandes del lugar y con mas intención que tino, los entrenó a su buen entender para entre todos defenderse y matar a Demo. Fue en vano, Demo los mató a todos, y encima los paisanos se volvieron contra él porque habí­a dejado al rebaño sin perros que lo defendieran de los lobos. El conde se enteró y le mando prender pero consiguió huir a tiempo por Verin a tierras de Portugal donde incluso estuvo luchando contra los moros. Durante este tiempo aprendió de un judí­o las artes para manejar a los canes usados en la guerra, y con este saber regresó a las Tierras Altas con sed de venganza. No avisó a nadie de su llegada excepto a su madre. Por medio de esta encontró una perra grande en celo y con ella se fue hacia la fortaleza del conde.

Una noche oscura, el mozo se emboscó atando a la perra en celo de tal modo que el viento llevase su olor a la cuadra donde estaba Demo, cuando este la olfateó se puso como loco y el criado del Conde que lo cuidaba lo sacó de la cuadra y salió con él para ver cual era la causa de su alteración, cuando estaba cerca de la perra se dio cuenta de lo que ocurrí­a y lo soltó, Demo se fue hacia la perra y este momento lo aprovechó el mozo para matar al esbirro. Mientras Demo estaba entretenido atendiendo a la llamada de la naturaleza, el mozo, que previamente se habí­a lavado meticulosamente y untado el cuerpo con un aceite que le habí­a dado el judí­o para enmascarar su propio olor, se puso la mugrienta ropa del esbirro para que el perro tanto por la vista pero sobre todo por el olfato no lo reconociera, y antes de que Demo se soltara de su pareja lo ató de nuevo.

Volvió a la cuadra y le puso al perro la armadura de cuero con planchas de hierro que se le ponen a los perros de guerra para entrar en combate y protegerlos de las flechas y espadas enemigas. Esperó hasta que todos en la fortaleza estuvieron durmiendo y tras cruzar sin problemas por el puesto de guardia, se fue hasta la torre donde el Conde y su familia dormí­an y allí­ azuzó y soltó al perro. Inmediatamente se oyeron los gritos de pavor del conde pidiendo ayuda a su guardia, pero el mozo atrancó la sólida puerta desde dentro para que no pudieran entrar. Todos los miembros de la familia del conde murieron incluso uno de los hijos que se lanzó por una ventana para no ser devorado por la fiera. Mientras el perro completaba su espantosa carnicerí­a, el mozo Diego prendí­a fuego a la torre. Cuando por fin los soldados del Conde consiguieran romper la sólida puerta y entrar en los aposentos, el perro de nuevo azuzado por el mozo les atacó también a ellos y el mozo aprovechó para escabullirse en medio de la vorágine de sangre que el perro causó hasta que consiguieron matarlo. A la luz del incendio de la torre pudo escapar y desde la montaña cercana se puso a lanzar arrulos (gritos tí­picos) de victoria a los cuatro vientos.

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4 comentarios

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Bruno
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20 de diciembre de 2010, 15:36 delete

Una leyenda escalofriante pero a la vez muy buena.

¡ Si es que en Galicia tenemos unas leyendas buenas !.

Salu2.

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Celso
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20 de diciembre de 2010, 16:57 delete

Muy buena leyenda, me ha gustado, al final le dieron su merecido al Conde.

Un abrazo.

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Cristina
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20 de diciembre de 2010, 21:33 delete

Impresionante leyenda, me ha encantado.

Al final el malo probó de su propia medicina.

¡¡ UN BESITO !!

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Nela
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25 de diciembre de 2010, 20:55 delete

No la conocía, pero me ha encantado. Final divino de la muerte, nunca mejor dicho, para el conde.
Besos
nela

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