> Las citas a ciegas.

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Cita a ciegas La tecnología de hoy día nos ayuda. Y mucho. A estar en constante comunicación, a tenernos localizados, geolocalizados y estar al día de todo. Pero si hay una cosa con la que las tecnologías modernas están acabando es con las citas a ciegas. Con una cita a ciegas Carrie Bradshaw tenía para ocho episodios de “Sexo en Nueva York”

A día de hoy es muy fácil quedar con un tío. O con varios. Te metes en una página de perfiles, desde Tuenti pasando por Facebook, Bakala entre otras, y buscas. Buscas y encuentras o bien buscas y sigues buscando. Finalmente aparece una persona que te parece afín a ti por las fotos. Quedas directamente a follar. O bien, le conoces por algún soporte de chat y vais charlando hasta que sale la oportunidad de la cerveza/café/infusión/refresco.

Si quedas a follar, poco más se puede añadir. Lo más currado que llevarás será tu ropa interior. O como mucho, que te recortarás el pelito íntimo antes del encuentro. Si quedas para una cerveza/café/infusión/refresco te lo curras un poco más. Pero sigue perdiéndose la chispa de las citas a ciegas, ya que al tío lo conoces previamente.

Las citas a ciegas eran algo muy de principios del 2.000, cuando una amiga tuya te decía “ay, pues tengo un amigo gay con el que te llevarías genial”. Y tú te ponías más contento que una drag con tacones nuevos. Tú amiga concretaba una cita y ta-dah! ya tenías tema para pensar durante las siguientes 48 horas.

Podías pensar en la ropa que ponerte. O no ponerte. Porque no podías ir excesivamente arreglado, ya que aquello tenía que sonar a casual. Pero tampoco podías ir hecho unos zorros en plan pues pasaba yo por aquí porque querías dar buena impresión. Pero claro, tampoco demasiada buena impresión porque igual tu cita te gustaba cero. Pero tampoco te podías quedar muy atrás, porque igual te gustaba demasiado.

Una vez superados esos #ayunosdramas tan de dramaqueen (que tenías agobiadas a 20 de tus 80 mejores amigas con tanta llamada absurda) venía la actitud. ¿Cómo comportarte en la cita? ¿Lo dabas todo, demostrando tu arrolladora personalidad? ¿O te mostrabas tímido y recatado, haciendo a la vez el interesante? El ‘ser uno mismo’ quedaba descartado si es que aspirabas a una segunda cita. Luego estaba el momento zero. Cuando conocías a tu citado. Y había varias opciones.

Opción “Dios, tendría que haber dicho que no a esta cita” que era cuando el tipo no te gustaba nada, no había nada de química entre vosotros. Lo único que deseabas era encontrar una buena excusa para librarte de la cita. Tu citado te encontraba interesante porque eras calladito y tenías la mirada perdida. Cuando realmente estabas pensando en la dichosa excusa y no te venía nada a la cabeza. Posiblemente la hora y cuarto más eterna de tu vida.

Opción “este chico está como ido”. Lo mismo que lo anterior, pero desde el otro lado. O sea, que tú estabas aplaudiendo con las orejas y el otro tipo estaba pasando de ti. Pero tranquila, todas hemos estado alguna vez en ese lado. Unas más que otras, claro.

Opción “follar, follaremos poco, pero creo que acabaremos siendo grandes amigos”. Esta situación se sucedía cuando veías que no había mucha química sexual entre vosotros (es importante que no la hubiera ni hubiese por ninguna de las dos partes) pero conectabais en cero coma. Las risas y el buen rato estaban asegurados. El tiempo pasaba volando. Y de esta cita a ciegas podía salir una buena amistad.

Opción “cásate conmigo”. Esto pasaba como una de cada 258.946 veces. O nunca. El chico era perfecto para ti y tú para él. Al caminar hacia el lugar de la cita mariposas brotaban de vuestros pies. Gloria Gaynor, que casualmente estaba por allí, os cantaba “Can’t take my eyes off you” acompañada de un ejercito de bailarines, a los que ignorabais. El lugar donde tomabais algo había ganado todas las estrellas de la guía de carretera más de moda. La camarera no os cobraba las consumiciones. Toda la gente a vuestro alrededor era feliz, de toda la felicidad que irradiabais. Y la noche acababa en un orgasmo tan perfecto, que hasta tus vecinos aplaudían. Y todo era tan perfecto, que daba hasta asco.

Pero, como digo, esto de las citas a ciegas se está perdiendo. Deberíamos retomarlo.

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3 comentarios

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Celso
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16 de octubre de 2010, 19:18 delete

Muy buen razonamiento sobre las citas a ciegas.

¡Me ha encantado!.

Un abrazo.

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Cristina
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16 de octubre de 2010, 22:11 delete

Muy buen artículo, me ha impresionado y había que retomar las citas a ciegas.

¡¡ UN BESITO !!

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Diego
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17 de octubre de 2010, 0:06 delete

Hombre, no sé que decir, una cita a ciegas es como jugar a la loteria: no sabes lo que te va tocar.

Un saludo.

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