Triste canto a un asesinato

No sé si se le puede llamar relato, es algo que escribí basado en hechos reales... a pesar de su simpleza le tengo mucho cariño, espero que os transmita el mismo sentimiento. Un abrazo.

Es un bonito día primaveral. Los pájaros cantan, el sol se filtra entre las ramas de los árboles del patio y se oye jaleo de chiquillos en la calle. Melisa está haciendo un dibujo de una flor en su cuarto, con la ventana abierta de par en par y tarareando una cancioncilla que se acaba de inventar. Balancea las piernas bajo su silla y en su empeño por hacerlo lo mejor posible, se deja la lengua sobre el labio superior. Se levanta corriendo a buscar sus ceras en un cajón de la cómoda. Con ellas colorea los pétalos de la flor y luego el resto del dibujo hasta darle el aspecto deseado. Al terminar, se queda mirándolo fijamente para cerciorarse de su correcta ejecución. No se lo piensa más y va corriendo escaleras abajo, ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mira lo que he pintado!.

La madre coge el dibujo y tras decirle lo mucho que le gusta, lo pone en la puerta del frigo con un imán y le dice, "anda, Melisa, ve a ver cómo está tu hermanito Gerardo en el jardín".

Melisa coge una galleta de la caja y va corriendo afuera. Abre la puerta y el sol le deslumbra. Cuando ya puede ver, echa un vistazo al jardín y lo que se encuentra la deja petrificada de terror, ¡aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh! ¡Mamá! ¡Corre, que hay un pajarito muerto en el jardín".

De repente, Melisa advierte una inquietante mirada. Hugo, el gato, la observa por entre los barrotes de una ventana de la primera planta. Sus ojos verdes la intimidan. Al ver su gran tamaño y acordarse de lo fuerte que es, cae en la cuenta de que bien pudo haber matado al pobre pájaro. Cuando se da cuenta el gato ya ha saltado de la ventana y se dirige con paso ligero pero firme y seguro hacia el muro que separa el patio de los vecinos.

En esto el ruido de una pala al caer hace a Melisa dirigir su mirada hacia su hermano Gerardo que rápidamente comienza a jugar. Llena un cubo con arena y agua para hacer un castillo. Mientras tanto, lanza a su hermana furtivas miradas para ver si le sigue estudiando. Se pone nervioso y el castillo se le derrumba, pero él vuelve a intentarlo. Melisa baraja la posibilidad de que hubiera sido su hermano quién asesinara al pajarillo y no sabe qué pensar. Es entonces cuando se acuerda del perro.

El perro llamado Borgia, se esconde tras una hamaca en la otra esquina del jardín. Es un perro listo. Cuando hace algo malo suele esconderse, como ahora. Es consciente de ello. De vez en cuando asoma la cabeza por uno de los lados de la silla, pero al ver que Melisa continúa allí, la retira rápidamente. ¡Borgia!, reclama la voz del padre que proviene del garaje. Él aprovecha la coyuntura para deslizarse, primero sibilinamente y luego a toda velocidad hasta salir del ángulo de visión de Melisa. Ya no sabe qué pensar. Hay muchos candidatos y pocas pruebas.

¿Qué pasa hija? ¿Estás bien?, pregunta la madre angustiada tras los gritos de su hija. "Sí mamá, pero mira el pájaro, lo han matado". La madre mira hacia el césped y allí ve al pájaro. Se dirige hacia él. Mientras abre un cubo de basura y lo tira le dice a Melisa, "pero hija, no es más que un pajarillo viejo".
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3 comentarios

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Isi
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2 de septiembre de 2009, 11:57 delete

Me gustó mucho. Está muy bien escrita porque transmites a la perfección la ingenuidad de la niña y a mí me has hecho ponerme en su lugar, he vuelto a tener 8 años y me he visto en el patio de mi casa buscando un culpable. Pero en mi caso, estoy segura de que el pájaro no hubiese muerto de viejo, sino por una pedrada de mi hermano, que era malo hasta decir basta.

Besos y bienvenido!

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Celso
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2 de septiembre de 2009, 12:45 delete

Estoy de acuerdo con Isi, esta historia transmite a la perfección la ingenuidad de la niña.

Me encantó mucho.

Un abrazo.

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Estefan
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2 de septiembre de 2009, 17:51 delete

Buena historia, como las que nos tienes acostumbrados.

Un abrazo.

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