El agujero de Camacho

Espero que no os moleste que cuelgue mi relato un día tarde... pero no quería dejar una semana sin publicar y ahora hemos vuelto de las vacaciones. Este relato tiene también algunos años pero es de los que he escrito uno de los que más me gustan. Un abrazo.

Pobre Camacho. Y es que no es justo. No es justo que tenga que estar él aquí encerrado, en esta cutre y feísima habitación acolchada de sky. Ya hay que tener mal gusto. Pero encima esta camisa que le tienen puesta, parece mentira. Con todo al aire como un recién nacido y sin ni siquiera poder elegir el color. ¿Por qué tiene que estar Camacho aquí encerrado cuando es Él quien tuvo la culpa? Y así es como Camacho va recordando lo que pasó y a la vez que se sienta en la cama se tapa por delante por que se le ve todo.

Pues Camacho era un hombre corriente que dedicaba su vida a sus dos pasiones: su pollería y esperar que llegara el domingo para hacer limpieza en casa. Bueno, brevemente Camacho va recordando en lo que consistía su pollería.

Él compraba los pollos a la granja de toda la vida y luego los asaba. Punto. La única dificultad era el trincharlos para meterlos en el asador. Y es que aunque no lo parezca, da mucha pena meterle por el **** un pincho al pobre animal.

Con respecto a su otra gran pasión, la limpieza semanal, Camacho recuerda que era su momento favorito. En realidad, lo mejor era limpiar los cuartos de baño y la cocina. El olor a bayeta húmeda y desinfectante, una semana a frescor del bosque y otra a limón, para ir alternando; el ver como desaparece una mancha después de darle con la rasqueta; tirar de la cisterna una vez has puesto el nuevo botecito de líquido azul para que haga bonito; todo esto le hacen saltar las lágrimas a Camacho, el cual estira la lengua y las chupa por que están saladitas.

Hasta aquí bien. Camacho piensa que es la descripción de cualquier vida normal y corriente, aunque más o menos con ligeras variaciones del olor del desinfectante. El problema llegó cuando apareció Él. Él se manifestó por primera vez ante Camacho un domingo (Camacho cree recordar que ese día usó el de olor a melocotón, a lo que achaca que causó el problema y que no se lo perdonará nunca). Estaba como solía, limpiando con la escobilla el water cuando sin previo aviso Él le susurró que se había dejado sin limpiar la rejilla del fondo del lavabo. Francamente triste y compungido por su craso error, Camacho se lanzó presto a la busca y limpieza de la suciedad. No fue sino hasta que terminó de limpiar cuando tomó conciencia de que Él acababa de entrar en su vida. Las manifestaciones posteriores volvieron a provenir del fondo del lavabo, precisamente de aquel recóndito agujero oscuro que a todos nos asusta. Pobre, recuerda Camacho que pensó en aquel momento. Ahí encerrado por la rejilla. Él se mostró muy comunicativo y se hicieron buenos amigos. Camacho seguía con su vida normal, aunque ahora con pareja de hecho, y Él le iba avisando los domingos si veía alguna anomalía en el proceso.

En este momento Camacho cae en la cuenta de que está tumbado en la cama con las piernas abiertas y con orientación sur-suroeste, es decir, hacia la puerta de la habitación, que tiene cristales y da a un pasillo por donde continuamente pasan enfermeros y parientes, con el obligado desternillamiento al verle en esa posición.

Ya con la entrepierna a cubierto, Camacho vuelve a centrarse en lo que iba recordando.

Pues así pasaba el tiempo, unos meses, quizá un año, hasta que llegaron a tener mucha confianza. Un día, y con muestra de enorme humanidad, Camacho ofreció a Él que eligiera el desinfectante que quisiera. Podría pedir el olor que le apeteciera. A esto Él respondió con un llanto de emoción rasgada por la felicidad del momento. Con un quedo hilo de voz le dijo, "me encanta la lavanda".

Camacho tiene una sonrisa en la cara por este recuerdo. Sin duda fue uno de los momentos más felices de su vida, y quizá de su relación con Él.

La cosa empezó a tener visos de tormenta cuando un día, Camacho se dejó sin limpiar el tapón del bidé y Él no se dio cuenta o no dijo nada. Acostumbrado como estaba a que Él deambulara de desagüe en desagüe y no se perdiera una, Camacho se extrañó mucho cuando descubrió la falta. "Me tienes preocupado, ¿te pasa algo?" Pero Él no respondía. Camacho recuerda que sabía que estaba ahí, por que sentía su respiración. Al rato Él dijo que necesitaba tiempo. Para Camacho el mundo se cayó y de repente los esquemas se le rompieron. ¿Significaba aquello que se estaba acabando lo suyo con Él? Sólo cuando le dijo que necesitaba pensar tuvo conciencia de lo que sucedía: Él le estaba poniendo los cuernos con otro que tendría un cuarto de baño mejor. Era temible pensar eso, pero cada vez que lo hacía veía la cosa más clara. Evidentemente sólo buscaba alguna excusa que decirle y con la que desembarazarse de Camacho.

Camacho tiene el vello de punta nada más de recordar lo que sintió en ese instante. Se acuerda de que le llevó sólo un momento saber lo que debía hacer.

Lo tuvo todo preparado para el domingo siguiente. Destornillador, alicates, rasqueta, desatascador y por si acaso el aspirador enchufado y un martillo con un cincel. No iba a dejar que algún pelandrusco con dos o tres cuartos de baño y lavabos de cerámica le destrozara la vida. Él sería suyo para siempre.

Camacho actuó con toda naturalidad y esperó a que fuera Él quien comenzara a hablar. En su interior albergaba la esperanza de poder arreglar las cosas tal y como habían sido hasta entonces. Como Él no hablaba fue Camacho el que comenzó preguntándole cosas banales, a lo que Él respondía de forma superflua y monosilábica. Estaba decidido. Él continuaba en sus trece y solo quedaba ponerse en marcha.

Camacho recuerda que cogió el destornillador y quitó los dos tornillos de la rejilla del lavabo. Él entonces comenzó a preguntarle que hacía y poco después le increpó nervioso que le contestara. Camacho hacía caso omiso y cuando quitó los tornillos despegó la rejilla con los alicates. Él se dio cuenta de lo que estaba haciendo y comenzó a huir, pero Camacho tapó con un estropajo el bidé y con una esponja la bañera y puso en marcha el desatascador. El movimiento de ida y venida trajo de vuelta a Él, que se quedó pegado al desatascador. Camacho tiró y tiró, pero Él tenía mucha fuerza y no se dejaba llevar. Así, de repente y sin previo aviso de ningún tipo, Él dio un tirón escapando otra vez hacia la alcantarilla general.

Los sudores de la frente de Camacho revelan el esfuerzo por el que pasa al devolver a su mente lo ocurrido aquel día. Sin embargo, un impulso le incita a continuar.

En su desesperado intento por no perder a Él, Camacho metió la goma de la aspiradora por el lavabo y la encendió. Como vio que había vuelto a conseguir traerlo hacia sí, se decidió por empezar a picar y cogerlo por la retaguardia. No paró la aspiradora y comenzó a hincar el cincel en el suelo de su cuarto de baño, con la consecuente queja instantánea de su vecino de abajo. Las voces aumentaron, y más aún en cuanto que Camacho asomó la cabeza al lado de la lámpara estilo imperial del susodicho vecino. Éste, al darse cuenta de lo que hacía, le llegó hasta a amenazar con que dejara en paz a Él, lo que hizo a Camacho caer en la cuenta de que era con éste con quien Él le ponía los cuernos. Aún con más ansia continuó Camacho picando y consiguió romper la tubería. Estaba muy, muy cerca de Él, solo le faltaba agarrarle y desconectar la aspiradora cuando una mano tiró fuertemente de la espalda de Camacho haciéndole caer hacía atrás. Varios hombres le pusieron la camisa de fuerza y le sujetaron mientras otro iba directo a la aspiradora. Esos instantes pasaron a cámara lenta, como cuando estás viendo una película en el vídeo y la ralentizas. Fue horrible, horrible. Y por más que gritó y se intentó liberar no consiguió que aquel hombre sin corazón no pulsara el temido botón. Duró un momento, no sintió más que una punzada de dolor y después sólo el desconsuelo le embargó. Él estaba liberado y habría ya corrido con su amante del piso de abajo. Todo estaba perdido.

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6 comentarios

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Cristina
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13 de agosto de 2009, 22:18 delete

Buena historia, me gustó mucho.
Un abrazo.

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Estefan
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13 de agosto de 2009, 22:30 delete

No te preocupes, no pasa nada.

Por cierto, una historia interesante.

Un abrazo.

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Celso
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13 de agosto de 2009, 23:07 delete

¡¡¡ ¿¿¿ y quien es el ??? !!!
¡¡¡ ¿¿¿ en que lugar conoció a Camacho ??? !!!

Me gustó mucho !!!.

Un abrazo.

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Bruno
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14 de agosto de 2009, 2:13 delete

Buena historia...
... me gustó mucho.

Un abrazo.

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Isi
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14 de agosto de 2009, 17:43 delete

....a Él yo me lo imagino con forma de matojo de pelos apilados en la tubería.....llegan a coger un tamaño tal que hasta son capaces de pensar por sí mismos.....a mí me pasa...ejem...pero no diré más no vaya a ser que me planten la camisa de fuerza....jeje.

Buena historia! Besos!

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Gamusino
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1 de septiembre de 2009, 23:33 delete

:P Joer, desde el 13 y os contesto ahora... venga, os dejo que me deis collejas, si supiérais todo lo que he hecho este mes de agosto no os lo creeríais. En fin, ya lo contaré ;)

Muchas gracias, me alegro de que os gustara, tendré ahora que ir poco a poco leyendo todo lo que habéis escrito estos quince días, que no es poco, madre mía... pero os prometo no dejar nada sin leer ;) Abrazos

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