La leyenda del hombre más feo del mundo (2ª parte).

El padre del discípulo, temiendo que el hombre feo se cansase de esa vida y abandonase a su hijo antes de que le hubiese dado un heredero, se apresuró a casar a Alonso con una vecina cuando contaba con 20 años. El sufrimiento cargaba contra Alonso el día de su boda en forma de síndrome que le hacía vomitar con frecuencia, pero acompañado de su ángel de la guarda, que hizo de padrino para evitar que le diese un ataque en medio de la ceremonia, todo se llevó a cabo. Nada especialmente malo ocurrió durante la boda al margen del retraso que sufrió la ceremonia debido a una indisposición del novio y algún que otro ataque de tos que dejó sobrecogidos a las personas que no estaban familiarizadas con la vida del muchacho. Alonso vivió uno de los momentos más felices de su vida durante aquel día, que debía culminar en su habitación, debidamente acondicionada para la vida conyugal de la pareja con la concepción de una nueva vida.

No pudo ser de esta forma, el día fue tan agotador que el novio terminó rendido y quedó dormido inmediatamente al caer en la cama sin poder cumplir con sus deberes de esposo. Su cuidador, que había provocado terror en los niños pequeños, burla en los adolescentes y desconfianza entre los adultos invitados al enlace por su aspecto enmascarado, durmió solo por primera vez en tanto tiempo que le hizo sumirse en un sueño inquieto del que despertaba sobresaltado a menudo.

Alonso se había incorporado al darse cuenta de lo que estaba sucediendo y empuñaba el cuchillo que guardaba en su mesilla para protegerse de ladrones en la noche, apretaba con tanta fuerza el cuchillo que los adornos de marfil de la empuñadura terminaron por hundirse en su carne haciendo chorrear sangre por el filo. Y esa es la situación que el servicio encontró cuando subieron alarmados por el griterío.

El hombre boquiabierto y paralizado en la puerta, ella muerta en un charco de sangre y él con un cuchillo ensangrentado en la mano que le inculpaba por un delito que jamás habría cometido. A lo lejos, la risa de la auténtica culpable solo la podían oir ellos dos.

Alonso no fue inmediatamente encarcelado, pero la tristeza le hizo enfermar tan gravemente que pocos días después de noche de bodas parecía un cadáver. Sin dientes, sin pelo, sin cejas, fue rápidamente juzgado y su inseparable compañero hizo las veces de abogado, pues el ansia de llevarlo al otro mundo hacía que temiesen que la oscura dama perdiese el miedo que la atenazaba, por lo que el hombre más feo del mundo solo podía separarse unos metros del reo.

Ni la influencia de su padre ni todo su dinero pudieron variar el desenlace del juicio por lo evidente del crimen. Así, el veredicto fue culpable y dos hombres llevaron en volandas al asesino, pues no se podía levantar.

Ante la desesperada mirada de su padre y el llanto de su madre, Alonso fue abandonado por la suerte de tener a su maestro cerca y su vida llegó a su fin durante el trayecto que le llevaba a cumplir condena.

Al hombre más feo del mundo se le ofreció una razonable cantidad de dinero como agradecimiento por haber hecho vivir tantos años al joven Alonso, pero le obligaron a marchar de aquel hogar puesto que ya nadie deseaba vivir más de lo debido.

Atormentado por la tristeza de creer que no hizo lo necesario por mantener con vida a su amigo, le hombre más feo del mundo trató por todos los medios de dejar de vivir, pero la muerte llevó a cabo una cruel venganza y se negó a llevarlo consigo para que descansara por siempre.

El que una vez fuese conocido como maestro, dedicó su tiempo a viajar buscando el lugar donde la muerte introduce las almas de los hombres en el más allá con la intención de realizar el viaje por su propio pie.

Y aún hoy en día la leyenda del hombre más feo del mundo regresa a nuestros oídos cuando su protagonista detiene su búsqueda desesperada para ahuyentar a la muerte de alguna personas que cree no que debe desaparecer y, una vez repuesto de su enfermedad, tiene a bien compartir con él su leyenda antes de proseguir su vagar.

Y fue en uno de esos despertares en los que vislumbró una oscura sobra moverse por el pasillo en dirección a la habitación de la pareja. Maldiciendo su estupidez por haber pensado que la muerte respetaría a Alonso al menos en aquella ocasión, se levantó y corrió cuanto pudo para evitar la fatalidad.

Llegó a ver el faldón de la túnica deslizarse en el interior de la alcoba e irrumpió detrás profiriendo todo tipo de insultos hacia su vieja enemiga. La muerte blandía ya la guadaña sobre Alonso que a punto estaba de perecer asfixiado por la tos, cuando al oír la voz de aquel ser que tanto la aterraba gritó con tal rabia que la fuerza se le fue por la boca y la guadaña cayó sobre la cama rebanando el cuello de la mujer, que yacía con el rostro desencajado de quienes ven llegar su fin de modo inesperado.

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1 comentarios:

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Cristina
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20 de agosto de 2009, 22:00 delete

Que historia más triste, me dio pena el "feo".

Un besito.

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