La sombra de un sueño.

sombrasueño Era de noche, me encontraba solo en la casa de mi abuela: una casa fría, grande y oscura, con alguna que otra humedad, grades paredes de unos cuatro o cinco metros de pintura desgastada y ennegrecida, era bastante antigua, que se yo, al menos trescientos años.

Cada vez que entraba allí sentía que la oscuridad se ceñía sobre mi cabeza, rodeándome y agobiándome. Nunca había creído en los fantasmas, aunque sí que a veces me asustaba en aquella casa, pero todo era por las viejas cañerías de plomo que suenan muy mal cuando circula agua en su interior. Otro problema que no me gustaba de esa casa era la mala iluminación: todo eran lámparas viejas, estropeadas y rotas. De vez en cuando la luz parpadeaba repentinamente y me tenía que levantar para darle unos golpecitos y, de ese modo, obligarla a que funcionara.

Como he contado antes, estaba solo. Mi abuela, Hortensia, había marchado a casa de su hermano que estaba enfermo; había salido bajo una intensa lluvia a pesar de mis consejos. Yo me había quedado solo estudiando el examen de la Facultad de Medicina y cuidando a mi hermana pequeña: Lucía.

-- ¿Rodri, hermanito, me traes un vaso de agua? –. Me preguntó.

Me levanté algo molesto de la silla y salí del salón para ir a la cocina, atravesé un gran recibidor con una escalera de caracol gigante en el medio. Había muy poca luz, y silbando para ahogar un silencio intranquilo y cerrado, abrí una puerta de madera chirriante. Llegué al comedor: frío y amplio; donde el eco de la lluvia apagaba el silencio y abría la incomodidad. Rápidamente y con la sensación de que alguien me observaba a mis espaldas: cogí un vaso y lo llené de agua…

Entonces… comenzó la tormenta, sorprendiéndome con un gran trueno y una lluvia de relámpagos, que alumbraron la casa durante escasos segundos y luego la apagaron. La sensación de que alguien me observaba era más fuerte, me di media vuelta y allí estaba… mirándome… respirando lenta y silenciosamente… una sombra en relieve… sobresaltado se me cayó el vaso al suelo…

-- Rodri… –. Dijo una voz familiar.

-- ¡Luci, me has dado un susto de muerte!.

Pero no podía ser, allí mismo había una figura humana, de una mujer que mediría dos veces más que mi hermana pequeña… el caso era, que allí sólo estaba ella, yo y la tormenta. Recogí los pedazos del vaso y limpié el agua con un paño. Luego le di a Lucía otro vaso de agua y se marchó. Pero en el momento en el que me marchaba, pude comprobar como en la pequeña casetilla del patio una luz, como la de una vela, alumbraba penosamente la ventana de vidrio. Era muy extraño, allí solo se guardaban trastos viejos e inútiles. ¿Quién ha encendido esa luz?. Salí al patio y corriendo subí las escaleras hacia la casetilla; cubriéndome con unos periódicos de la intensa lluvia.

Era una noche cerrada y llena de grandes nubes grises. Abrí la puerta, de madera empapada y rajada. Pero la luz… misteriosamente se había apagado, pero es más, no había en tal habitación ninguna vela. Sólo trastos antiguos y un viejo escritorio lleno de polvo, como cualquier cosa allí guardaba… era desconcertante. Intenté no comerme más la cabeza, pero justo en el momento de irme, una vieja espada, se cayó al suelo, produciendo un estruendo metálico y levantando mucho polvo… Me volví a sobresaltar, el corazón latía veloz y tenía una ganas tremendas de abandonar ese lugar y encerrarme en el salón; encendiendo todas las luces posibles.

En esos momentos de tensión, cualquier sonido, por débil que sea te asusta. Que agobio… pero aún faltaba lo mejor… otra vez la misma figura, sin cara definida, una sombra, una sombra de mirada penetrante y continua… Empecé a sentir frío; más del que ya había… Me sentía observado por todas partes, la piel se me puso de gallina y la habitación se me quedaba cada vez más y más pequeña… Cerré con llave, bajé las escaleras corriendo; me daba igual mojarme. Llegué al salón y cerré.

-- ¡Deprisa Luci, nos volvemos a Ourense con mamá y papá!.

-- ¿Qué sucede..?.

Todas las luces se apagaron.

-- Tengo miedo Rodri–. Me decía Luci agarrándome a mi mano fuertemente.

-- Tranquila, la tormenta ha hecho que salte el diferencial… –. Le decía.

La puerta se abrió lentamente, chirriando de forma continua y débil… Ahora Luci y yo nos agarramos mutuamente… pero, estaba solo, Luci se había ido. La llamé a gritos… nadie responde y la puerta se abría cada vez más… con ese ruido continuo que helaba la sangre. La sensación de que alguien más estaba allí en esa habitación, volvía a ser muy intensa… podía escuchar una respiración dificultosa… otra vez esa sensación de que alguien te observa… otra vez esa tensión…

La luz volvió y allí no volvía a haber nadie… Luci seguía agarrada a mi brazo… Imposible… si cuando se fue la luz se había marchado… no había sentido su mano apretándome el brazo… Estaba desconcertado…

-- ¿Dónde te habías metido…?.

-- He estado aquí todo el tiempo… agarrada a tu brazo…

Suena el teléfono… salgo al recibidor y descuelgo… mi abuela dice que va a tardar más de la cuenta… que acueste a Luci… Mandé a Luci a la cama… y a los pocos minutos, me tuve que acostar con ella porque no paraba de decir que tenía miedo… Era ya madrugada… la calma había llegado: la lluvia ya ha cesado… Pero el viento batía ahora las ventanas… Me incorporé, llevaba tres horas sin poder dormir… Lucía ya se había dormido. Tenía sed, pero no quise ir a por un vaso de agua… La habitación recibía algo de luz de la calle, que atravesaba la única ventana de la habitación. Alumbrando una pequeña zona, que se desvanece gradualmente.

Escuché los ronquidos de mi abuela; ya estaba aquí… cesan los ronquidos… y veo como la puerta se abre…

-- La abuela, que viene a ver si estamos dormidos –. Pensé.

Equivocado… nadie abría la puerta.

-- No –. Dije en voz baja.

La puerta se detuvo…

-- Rodrigo, Rodrigo… –. Decía el viento con una voz de ultratumba, apagado y grave, tan grave que ninguna persona mortal podría pronunciar.

Esa voz venía de la puerta, ahora parada…

-- Luci, despierta…

No me oía… La sacudí, pero no se despertaba… Entonces, para mi sorpresa, empezó a desvanecerse, hasta convertirse en polvo… polvo que se llevó un viento de ventanas cerradas… Salté de la cama muerto de miedo… y anduve hacia atrás hasta apoyarme en la ventana… Silencio, piel de gallina, desconcierto… ¿Que está pasando?, Nada de esto puede ser real… Algo rompe el silencio golpeando la ventana… me doy media vuelta… Una sombra me clava su mirada, una sombra que entre una fina capa de neblina, comienza a tomar la forma de mi abuela… Imposible, hay más de cinco metros hasta el suelo… Empiezan los gritos y enciendo la luz. Me visto lo más rápido que puedo… Pero la sensación de que todo está en calma me invade… me tranquilizo y me relajo en una silla… La sombra había desaparecido… Poco dura la calma… comienza la tempestad…

Siento que alguien me observa, me percibe y yo a él… puedo sentir su mirada, el frío me invade… es tan fuerte el miedo que tengo que me impide levantarme. Vaho, del frío… Alguien me mira… puedo escuchar su respiración… lenta… silenciosa y fría me golpea en el oído… Lo siento… ¡¡¡ ESTÁ DETRÁS MÍA !!!.

Es otra sombra con la forma de Lucía. Salgo corriendo, me monto en el coche. Está desierto, hace frío y las hojas de otoño tiñen de marrón las calles; hojas secas y sonoras al pisarlas; un escalofrío me recorre el cuerpo, me vuelvo a sentir contemplado por nadie… Arranco y abandono el pueblo… llego a los límites del pueblo, casi puedo ver la señal con el nombre tachado, pero antes de que pueda leerla… desaparece el nombre, volatilizándose en un fino polvo… Miro hacia atrás, contemplo el pueblo, me tranquilizo, dentro de media hora llegaré a Ourense. Pero cuando me vuelvo hacia el volante, compruebo que mis ojos no me engañan… El pueblo ha desaparecido, no queda nada salvo campos y más campos…

Me despierto, sobresaltado, me había dormido mientras estudiaba… Lucía me pide un vaso de agua…

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4 comentarios

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Celso
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8 de agosto de 2009, 18:41 delete

Menuda pesadilla... aunque quisiera saber cual es el pueblo que está a media hora de ourense.

¿Allariz, Celanova, Carballiño...?.

Umm a saber.

Muy buena historia, me gustó mucho.
Un saludo.

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Cristina
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8 de agosto de 2009, 21:39 delete

Que miedito no...?

Me encantó aunque sea de miedito.

Un abrazo.

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Bruno
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9 de agosto de 2009, 4:51 delete

Me he quedado helado, joder con la pesadilla.

Que tengas un buen día.

Un abrazo.

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Isi
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10 de agosto de 2009, 17:42 delete

eeeeeh....si mientras leía la historia, alguien me hubiese tocado un hombro o algo similar....ésta que escribe hubiese pegado un grito que lo hubieses escuchado en Galicia y hasta en Sebastopol, no te digo más.

Me encantan las historias de este tipo.

Un besote!

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