Leyenda Gallega.

santacompaña “A día de hoy, viernes 2 de diciembre del año de Gracia de Nuestro Señor Jesucristo de 1.853, como notario encargado de estos archivos y después de arduas y exhaustivas investigaciones llevadas a cabo por el Cuerpo de Alguaciles de Su Majestad, declaro cerrado el caso de los Crímenes de Santa Tecla en el cual perdieron violentamente la vida seis vecinos de la comarca y un peregrino extranjero que realizaba el Camino Santo, cuyos nombres y datos identificativos se citan anteriormente en este mismo artículo.

Declaro, así mismo, que en la fecha presente no han podido encontrarse culpable o culpables de estos horrendos crímenes que han conmocionado profundamente a las gentes de esta región…”.

ARCHIVOS DEL ANTIGUO REINO DE GALICIA

Diciembre (1.853)

Sonaban aun las nueve campanadas en la torre de la Iglesia cuando José entró en la casa.Los niños dormían y Rosa,su mujer,esperaba impaciente su llegada ansiosa por conocer las conclusiones surgidas de la reunión a la cual habían sido convocados todos los varones adultos de Santa Mariña, Sacrobosque y Ouxiña,las tres pequeñas aldeas que dependían de Santa Tecla. El semblante de José era serio,profundo y severo.Miró a su esposa y meneó lentamente la cabeza en un gesto que enseguida Rosa comprendió,no habían dado con las soluciones esperadas. Ella, obedeciendo a una tajante y autoritaria orden de su marido,se apresuro a cerrar puertas y ventanas. Se sentaron,frente a frente,en la mesa,tomando un gran tazón de caldo caliente, guardando un absoluto y significativo silencio. Minutos después sus mentes se evadieron, perdidas en los trágicos acontecimientos que se habían desencadenado en aquel lejano valle del corazón de Galicia.

Lunes, 24 de Octubre de 1.853

Todo comenzó justo una semana antes. A las siete de la mañana un carro recorría los retorcidos caminos que unían las tres aldeas. Este carro recogía a los aldeanos de estas poblaciones y los llevaba hasta Santa Tecla para acudir al mercado. Don Ramón, el conductor, llegando a Santa Mariña, primera parada del trayecto, vio a lo lejos un extraño bulto tirado al margen del camino. Agudizando la vista reconoció que se trataba de un cuerpo humano así que azuzó a sus bueyes y en breve consiguió llegar hasta allí. Se bajo del carro y se acercó lentamente. La visión fue horrible.Un hombre de mediana edad,vestido con habito de peregrino,yacía en el suelo. Su carne se veía azulada.Los músculos tensos. Su mano derecha se aferraba desesperadamente a una cruz de madera que pendía de su cuello. La otra mano parecía haber estado arañando, en su agonía, la tierra húmeda que le servía de lecho. Su boca dibujaba un difícil y retorcido rictus, mientras que sus ojos, contemplaban,desencajados, el infinito. Tenía el pecho brutalmente desgarrado...

Miércoles, 26 de Octubre de 1.853

Dos días más tarde, cuando todavía los vecinos comentaban horrorizados el crimen de Santa Marina,sucedió una nueva tragedia. Esta vez en Sacrobosque. Julián Besteiro se encargaba de recoger la leche de sus vecinos para venderla. Aquel día su carro no apareció por ninguno de los establos en los que le esperaban. María, su mujer, tampoco acudió al lavadero,como hacía rutinariamente todas las mañanas.Alertados por estas inusuales ausencias, un grupo de vecinos acudió a la casa de los Besteiro. Pero la encontraron vacía. Registraron la casa y tan solo encontraron al único hijo del matrimonio, sollozando, escondido en un arcón. No paraba de gemir y repetir: "Ellos se los han llevado..."

Viernes, 28 de Octubre de 1.853

Ouxiña, la tercera aldea, no se libró de aquellos extraños acontecimientos. Sus vecinos, desgraciadamente, después de lo ocurrido, lo esperaban. La noche del viernes, poco después de las doce campanadas, la aldea se vio sumida en un delirante coro de escalofriantes gemidos y alaridos acompañados del sonido de pies arrastrándose por el suelo y tenues resplandores en las calles. Un anciano y un niño desaparecieron aquella noche. Solamente una persona fue testigo del macabro espectáculo. Martín,el tonto del pueblo, muy querido y respetado por todos lo narró de la siguiente manera: "Yo estaba escondido en el hórreo de Don Pascual, jugando con sus gallinas. Entonces oí gente llorando en la calle. Me asomé y los vi. Debían ir a alguna fiesta pues todos vestían de blanco y llevaban lamparillas encendidas. Pero eran muy feos, y a mi me daban mucho miedo..."

Lunes, 31 de octubre de 1.853

Tras estos acontecimientos se decidió convocar una reunión para intentar proteger a las tres aldeas de aquella misteriosa oleada de macabros crímenes. Por la tarde llegaron a la conclusión de que todo esto no había sido mas que un preludio a lo que ocurriría sin duda aquella misma noche, la Noche de Difuntos, la Noche de Animas, la Noche de Brujas... Nadie dudaba ya que era "A Santa Compaña" la culpable de todas aquellas muertes y desapariciones. Los muertos descarnados solían abandonar sus enmohecidos sepulcros en busca de la sangre de los vivos para saciar su sed.

Esta procesión de almas en pena, tradicionalmente, tenía lugar una vez al año, durante la víspera de Todos los Santos, y en las inmediaciones del cementerio. Pero a veces ocurría que estos seres de ultratumba, habiendo permanecido años, incluso siglos, sin probar la sangre de sus víctimas, decidían salir antes de sus sepulturas osando, incluso,a entrar en las poblaciones y los hogares para satisfacer su sacrílega gula.

La reunión se alargó mas de lo previsto, pero nadie supo dar una solución efectiva al problema. Finalmente y ante la inminente y peligrosa cercanía de la noche, el párroco del lugar decidió disolver aquella reunión aconsejando la ferviente oración como único remedio posible. Y así,solo con esto, todos se apresuraron a encerrarse en sus casas dispuestos a esperar la salida del sol con temor, sabiendo que en cualquier momento "A Santa Compaña", la procesión de los muertos vivientes, pasaría por delante de sus puertas e intentarían abrirlas para adueñarse brutalmente de sus corazones...

Lunes, 31 de octubre (Noche de brujas).

Rosa decidió irse a dormir dejando a su marido solo, en el salón, velando la noche. Después de rezar abstraído su rosario, meditó sobre todo lo que estaba ocurriendo. Sus convecinos habían llegado a la conclusión de que no se podía luchar contra lo sobrenatural. A José esto no le convencía. Le parecía absurdo. En pleno siglo XIX no podía ser posible que el hombre todavía se viera sometido a las fuerzas del más allá.

La fe, la razón y la supremacía natural de la especie humana deberían ser suficientes para imponerse sobre la superstición y vencerla. Movido por su gran impasibilidad y tras comprobar que su familia dormía profundamente se decidió a poner en práctica su propia teoría. Abandonó la protección de su hogar y se internó en el húmedo bosque por un sombrío camino. Atravesó un pequeño arroyo y salió a un camino mas grande, el que unía las tres aldeas.

La noche era fría y cerrada. No había luna y reinaba en el ambiente un extraño e inquietante silencio. José se sentía inquieto, pero no asustado. Llegó hasta el lugar donde había sido encontrado el peregrino muerto. Aún podía verse, entre el musgo,los cinco surcos que habían causado los dedos del desafortunado en los últimos instantes de su vida. Permaneció allí un momento, moviéndose de un lado a otro para que el frío no paralizase sus miembros. Nada ocurría. Un largo instante después, cuando las bajas temperaturas le hicieron plantearse si no sería mejor regresar al hogar, se escuchó en la lejanía el tañir de las campanas de Santa Tecla.

Era medianoche. Una espesa niebla se fue adueñando del camino emergiendo entre los árboles. Todo fue tan rápido que el miedo hizo su aparición en forma de escalofrío desde lo más profundo de su ser. Extraños ruidos se ocultaban tras la espesura blanca. Tal vez se hubiera equivocado. Ahora ya no estaba tan seguro de sus propias teorías. Tenía miedo. Camino despacio sin apenas ver hasta casi tropezar con una joven que,sentada en una roca,lloraba desconsoladamente con el rostro apoyado sobre sus rodillas. Tras el sobresalto inicial se acerco lentamente a socorrerla.

La chica vestía un elegante, aunque liviano, vestido blanco. Su larga y brillante melena rubia caía suavemente sobre sus hombros desnudos. Parecía ser atractivamente hermosa. Al tocar su pelo llego hasta él una agradable fragancia a rosas frescas recién cortadas. La mujer dejó de llorar y alzó su rostro. José quedó petrificado. Supo, en ese instante, con plenitud, el verdadero significado de la palabra "horror". La suave fragancia se transformó en hedor insoportable, la abundante cabellera rubia en una escasa y canosa mata de pelo, las blancas y elegantes vestiduras en sucios, rasgados y amarillentos harapos, el hermoso rostro que él había esperado ver era el de una descarnada y pútrida calavera que no cesaba de mirarle desde sus cuencas vacía mientras que, a su espalda comenzó a escucharse un espectral sonido de gemidos y pisadas acercándose lentamente...

Noche de Brujas (Poco después).

Por segunda vez en aquella semana un macabro eco de alaridos y lamentos invadió las tres aldeas. Rosa despertó asustada y acudió a buscar la protección de su marido. Pero para su horror él no se encontraba en la casa. Sola, a oscuras en medio del salón escuchó algo que le puso los pelos de punta: "Rosaaaa...." Encendió como pudo, nerviosa, un cirio e intentó encontrar el lugar de donde provenía aquel lamento. "¡Ay de mi,Rosaaaaa..." No podía creerlo, pero en aquellas palabras reconoció la voz de su marido y venían del exterior de la casa. "Ay Rosaaa...¿pero que he hechooo?... Rosaaa...." Rosa entreabrió ligeramente una de las ventanas, y oculta tras las cortinas confirmó sus sospechas convertidas, ahora,en pesadilla. Ante sus ojos una macabra procesión de almas en pena, "A Santa Compaña", paseaba espectralmente por las calles de la aldea. Tras ellas, ocupando el último lugar, vestido de blanco y portando un enorme velón de cera, José la miraba fijamente desde sus ojos sin vida. Mientras tanto, la puerta trasera de la casa había comenzado a ceder empujada por decenas de manos frías y huesudas...

Antiguo proverbio gallego: “Yo no creo en brujas, pero haberlas, haylas.

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3 comentarios

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Cristina
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16 de agosto de 2009, 22:57 delete

Genial. Un bello argumento basado en una leyenda, y escrito de forma que engancha al lector, creando ambiente.

Muy bueno en todos los sentidos Una cosa: leí en un sitio que para librarse de la muerte ante "A Santa Compaña" había que meterse en un circulo de tierra con una rama de olivo bendito. Si los pobres aldeanos lo hubieran sabido...

Un besito.

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Bruno
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17 de agosto de 2009, 3:41 delete

Es un relato que engancha y en mi opinión está escrito de una manera original y con una redacción muy buena.

Soy de esas personas que tal vez siga temiendo la Santa Compaña.

Uno de los misterios que hacen que Galicia sea un poco más misteriosa si cabe.

Un abrazo.

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Isi
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17 de agosto de 2009, 17:01 delete

La primera vez que escuché hablar de la Santa Compaña me entró un miedo de tres pares, estaba en un pueblito del concello de Allariz, al lado del río, de noche y haciendo una queimada, lo recuerdo como si fuera ayer....pero aunque me de miedito me gustan sus leyendas, seré masoca??? jeje.

Buena historia.

Un beso!

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