Alejandro.

maltrato Me han dicho que tengo que escribir algo así en la terapia de grupo. No me gusta nada esa terapia, porque salen hombres que son unos auténticos indeseables (aunque yo tampoco debería hablar muy fuerte). Dijeron que escribir sobre nuestras experiencias sería algo bueno, luego un compañero de la terapia lo leería en voz alta y veríamos cuan horrible era lo que habíamos hecho.

Como si no lo supiera.

Recuerdo que hace muchos años (tantos que casi no los puedo recordar con exactitud), en una de mis acampadas (y cuando mis padres seguían vivos), unos psicólogos vinieron a nuestro campamento de verano para hablarnos sobre la violencia de género. Por aquel entonces los chicos éramos una auténtica piña de rufianes y trastos que se dedicaban a hacerle bromas a los novatos y a levantarles las faldas a las chicas (ahora creo recordar que teníamos diez o doce años). Sin embargo después de la acalorada charla y algunas discusiones que propusieron alumnos extranjeros de tribus sudafricanas mis amigotes y yo llegamos a la conclusión de que cuando nos convirtiéramos en hombres no debíamos convertirnos en maltratadores- el pequeño Tomás había sufrido aquello en primera persona porque su padre le pegaba a él, y a su madre-. Lo juramos delante de aquel viejo y retorcido almendro que estaba justo detrás de la caseta de madera número doce, donde todo el mundo escribía palabras de amor banales, hermosos poemas o palabrotas varias.

“Todos contra la violencia de Género’’.

Y firmamos: Dani, Ike, Alex, Tomy y Carlitos, con una letra horrible que gracias a Dios hoy no conservo, aunque he de decir que no es nada fácil tallar en madera, respeto mucho a esas personas.

Me ido por las ramas. Los momentos de mi infancia me hacen recordar momentos muy felices. Creo que debería empezar con mi historia. Es horrible, porque no me gusta sentirme como un violador, borracho, maltratador y marido al mismo tiempo. Hubiera sido mejor se una cosa en cada una de mis vidas, pero las tres cosas al mismo tiempo…

Creo que será mejor que empiece si no quiero que mi compañero de habitación se ponga a llorar, porque estoy recitando esta redacción en voz alta (me acaba de pegar en la cabeza).

Era un joven hermoso, según las palabras de mis padres y de mis primeros ligues. Un niño de pelo castaño oscuro con los ojos azules y fríos: inteligente, guapo, divertido y reservado. Nada del otro mundo para mí y lo mejor del universo para las mujeres, según ellas. Mis padres habían muerto cuando era adolescente y yo heredé bastante dinero. Tuve muchas novias, pero ninguna me llenaba. Todo lo que quería lo conseguía, y mi inteligencia me permitió acceder a una prestigiosa universidad donde estudié arquitectura…

Pero todo cambió cuando llegó ella.

Una joven preciosa para mis ojos y cuyo rostro me cautivó en cuanto la vi. Rogaba porque me viera y sus ojos se posaran en mí. La quería, y quería amarla y tenerla en mi corazón, muy cerca de mí. Al final me miró, y fue increíble todo lo que ocurrió después: se enfrentó a su familia y se vino a vivir conmigo. Encontré trabajo y nos casamos. Tuvimos un hijo: éramos felices, pero…

Lo estropeé todo.

Un amigo de la compañía me invitó una noche a un bar. Él afirmaba que era un sitio que no se me olvidaría en la vida, y creo que tenía razón porque aún recuerdo con notable claridad los primeros momentos, y por desgracia también recuerdo la embriaguez.

Mi amigo me llevó, lo que se dice vulgarmente, a ‘’un bar de putas’’, y me estuve emborrachando con una mujer al lado. Una mujer que no era mi Clara; una mujer que no me había entregado a mi hijo. A mi precioso hijo de ojos fríos como el metal e inteligencia casi artificial. Con tres añitos ya podía hacer cosas increíbles... mi amor…

Esa noche volví tarde a casa, y mi mujer, que estaba esperándome, se veía hermosa… torpe de mí, que borracho hice caer un vaso de licor y la sobresalte. Me miró preocupada, y cuando le arranqué parte del camisón, aterrada. Le pegué para que complaciera mis deseos carnales y la violé hasta que estuve satisfecho. Fue horrible cuando al día siguiente vi el moratón que tenía en la mejilla izquierda.

-No pasa nada, mi amor. Pero no lo vuelvas a hacer jamás.

Clara me lo dijo con lágrimas en los ojos, y yo me sentí desdichado. No tenía fuerzas para ver a mi hijo. Intenté que aquello no volviera a ocurrir. Le regalé cosas a ella y a mi hijo e intenté comportarme- en aquel día en el que la vi con el primer de muchos moratones recordé mi promesa en el viejo árbol y en el campamento al cual mi hijo probablemente asista. ¿Se dará cuenta de que su padre escribió su nombre junto a otros niños haciendo la promesa más banal que jamás existió pues dos de sus componentes la han roto?, Dani asesinó a sangre fría a su esposa y a su suegra. Fue un duro golpe para mí.

Cada vez bebía más para olvidar mis problemas o para pasarlo bien con mis amigos. Sabía que estaba mal y mi conciencia me maltrataba a mí cuando despertaba por las mañanas y veía a mi esposa desnuda, con la ropa hecha harapos por mi causa y moratones por todo el cuerpo. También recuerdo cuando mi hijo entró en la habitación cuando desperté una vez y se puso a llorar cuando vio a su mamá desmayada sobre la cama. Ver a mi hijo zarandeando el cuerpo de su madre y gritando como sólo un niño sabe hacerlo, ¿sabéis lo que hizo el indeseable de aquel borracho maltratador?, lo cogió en brazos y lo consoló mientras lo llevaba a la cama otra vez y le decía que mamá estaba bien. Él se lo creyó a los cuatro años y medio, pero años después le di tal paliza a Clara que estuve a punto de matarla. Se la llevaron al hospital, destrozada.

Cuando pienso en ello todavía me pregunto cuan mal debí amarla por aquel tiempo. Ella se ocultaba y nunca, cuando hablábamos de ello, me reprochó nada. Nunca se quejó. Pensaba que era culpa suya por no ser lo suficientemente lista o hermosa, cuando para mí lo era todo. Cuando era lo más precioso junto con mi hijo que yo poseía.

Por eso me dejó en el hospital, porque sabíamos que era cruel seguir los dos juntos.

Y yo, burro de mí, volví a emborracharme el día que vino ella a recoger sus cosas CON MI HIJO y ella fue lo suficientemente inteligente como para mandar a nuestro niño a su habitación a recoger sus juguetes mientras yo… mientras yo la… mataba.

Sangre en mis manos. Roja y oscura como el corazón de este hombre que escribe con los dedos manchados de tinta negra. Me pregunto si algún día podría llegar a perdonarme mi hijo. Porque fue él quien le evitó a su madre la muerte. Un móvil y una televisión encendida con el número de teléfono adecuado… o quizá alguna tarjeta que alguien le diera a Clara al percatarse de sus heridas, no me extrañaría y no la culpo. Ella es la que debe sentirse en paz consigo misma.

Yo me odio a mí mismo y la amo aún. Creo que me obsesioné. Sentía celos irracionales y miraba a todos los hombres con recelo, tan bella la veía yo.

No me juzguéis, y no preguntéis el por qué de mis actos.

Ahora mi hijo tendrá doce años. ¿Me seguirá odiando?, hace meses que no hablo con él. La última vez que vi a su madre fue cuando firmamos el divorcio. No viene a verme porque sabe que me hará daño a mí, y yo no sería capaz de mirarla a la cara. No seré capaz de mirarla ni disfrutar de su compañía ni de sus bondadosos ojos nunca más.

Jamás.

Post relacionado: Relatos de la violencia de género: Clara.

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6 comentarios

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LinternaVerde
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9 de diciembre de 2009, 0:26 delete

Un saludo desde www.turankeo.com quisiera ver si el dueño de la pagina le interesa intercambiar enlaces mi correo es fdiel056@hotmail.com

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Bruno
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9 de diciembre de 2009, 16:38 delete

Nunca pensé que se publicaria un artículo o relato en el que escribe sea el propio maltratador.

Me ha encantado la historia, me gustó mucho.

Salu2.

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ANRAFERA
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9 de diciembre de 2009, 18:41 delete

Bueno e interesante artículo. Saludos.

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Celso
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9 de diciembre de 2009, 19:07 delete

Este relato me ha dejado helado,

No pensé que un maltratador pudiera escribir esto.

Un abrazo.

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Cristina
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9 de diciembre de 2009, 21:50 delete

Me he quedado impresionada.

Una historia buena e interesante.

¡¡ UN BESITO !!

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Isi
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10 de diciembre de 2009, 16:48 delete

No sé si es por lo que he vivido, pero soy incapaz de ver a un maltratador como a una persona con sentimientos....un maltratador, aunque escriba esto, para mí es un grandísimo cabrón (siento ser tan basta, pero decir menos de eso es poco). No creo en el arrepentimiento de esos seres, lo siento, soy incapaz.

Un besote

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