14 minutos de retraso (todos van, nadie viene).

reloj-geek ¿Qué es lo que tenía ese momento del día, en el que ni un solo ápice de luz se atrevía a traspasar el cristal de su habitación?. El payaso estaba fascinado por la noche. No sabía si era la oscuridad, o el silencio o ese tono melancólico que adquiría la vista por su ventana: un patio gris.

Ni un alma, ni un ruido. Sólo una luz, la de la ceniza de su cigarro. Y otro. Y así hasta que se acababa el paquete. La ceniza iba cayendo despacio, iluminando uno por uno todos los pisos de aquel monótono patio. Aquellas lucecitas que caían eran sus luciérnagas particulares. Recordaba conversaciones que había tenido con gente: “En tu ciudad, tendréis de todo, pero nunca habrá luciérnagas” le decían algunos. “Quizás sea verdad, pero no en mi patio, no en mis cigarros” pensaba siempre el payaso.

Una noche, estando en su habitación, cogió el despertador y lo adelantó 7 minutos. Así, siempre que se acostara iba a estar 7 minutos de ventaja al resto del mundo.

Desde entonces, cuando se levantaba, lo primero que hacía era mirar el despertador y comparar la hora con el edificio que se asomaba, por detrás del patio, a través de su ventana.

Cuando comprobaba que su despertador siempre iba por delante, se volvía a asomar por la ventana y pensando en toda esa gente a la que se tenía que enfrentar a lo largo del día, gritaba: “¡Estúpidos!”, ahora hasta el tiempo me da la razón, aquella que siempre os empeñáis en quitarme.

En la noche siguiente, a las 00h00 el payaso miró su despertador y sonrió al descubrir que mientras el empezaba ya otro día, el resto de la humanidad tenía que sufrir y esperar otros 7 minutos más. Y fue durante esos 7 minutos cuando el payaso consiguió pensar y llegar a lugares en los cuales nadie nunca podría alcanzar. Ni siquiera él mismo antes de haber adelantado el reloj.

Aquella noche, a las 00h00 ya tras cerrar los ojos, el payaso apareció en un túnel. Era un túnel enorme, que se encontraba suspendido en el aire a unos 1.000 metros de su casa. El túnel tenía 2 carriles separado por un cristal inmenso y transparente. Uno de los carriles estaba lleno de personas. En el otro, sólo se encontraba él y un anciano al que no había visto nunca, que estaba al final del carril.

Nada más verle el payaso se dirigió a él. Cuando comenzó a recorrer el camino que le separaba del viejo, nuestro protagonista miró a través del inmenso cristal al otro carril y se quedó paralizado con lo que vio.

Había miles de personas cabizbajas, llorando y con expresión inerte, que hacían cola esperando algo. Entre toda la gente consiguió distinguir a sus padres, a sus amigos, a sus familiares, a profesores y vecinos, a chicas que habían representado mucho para él; también vio a sus enemigos, a su portero, al psicólogo, al poeta irlandés, a los mismos personajes que compartían todos los días el mismo trayecto en metro que él; e incluso llego a distinguir a cantantes, políticos, actores, deportistas y gente que llevaba viendo por la tele tantos años…

Cuando llegó al lado del anciano, vio con asombro como éste se quedaba mirando a aquella gente con unos ojos tan tristes que le recordaban a los suyos.

Después de mirarles, el viejo meneaba la cabeza y comenzaba a pasear sin quitar la vista del cristal. Fue entonces cuando el payaso, decidido, se acercó y le preguntó a aquel extraño anciano:
-- ¿Dónde estoy?, ¿que coño hace toda esa gente ahí?, ¿por qué estoy aquí solo, mientras el resto de la humanidad guardan cola en el carril de enfrente?. ¿por qué lloran?.

El anciano tras oír las preguntas, se dio la vuelta sonrió y le miró a los ojos antes de decirle:
-- Me sorprende que me hagas tantas preguntas compañero. El mundo se rige por una verdad: unos vienen y otros van. Pero esta noche, tú no eres comparable a los demás. Recuerda que le llevas 7 minutos de ventaja a la humanidad. Por eso tú estás en este carril solo, mientras el resto aguarda en el de enfrente. Hoy todos van y solo tú vienes. ¿Sabes que están haciendo ellos?. ¿sabes por qué guardan cola mientras lloran amargamente?. Pues porque mientras tú empiezas un nuevo día, la humanidad gasta los últimos 7 minutos de la noche en quemar sus ilusiones. ¿Ves que todo el mundo lleva un paquete en sus manos?. Visto desde aquí, desde enfrente, parece que esos paquetes están vacíos pero en realidad no lo están. En realidad en esos paquetes cada persona guarda sus ilusiones, que son tan transparentes como este inmenso cristal que separa los dos carriles, el de los que van y el de los que vienen. La gente guarda la cola y cuando le toca el turno, quema sus transparentes ilusiones y se marcha a casa a dormir…

La grave voz del anciano le volvió a interrumpir de su estado de shock:
-- Perdona muchacho pero creo que te tienes que ir. Ya han pasado los 7 minutos. Ya son las 00h07 para ti y las 00h00 para el resto de gente. Un nuevo día da comienzo y debes volver a tu habitación. Pero antes debes saber que si tú no estás llorando, es porque siempre le tuviste pánico a las lágrimas. Para ti, llorar es un símbolo para que se acerque la gente. Cuando alguien llora, todo le mundo se preocupa por él. Sin embargo si alguien llora por dentro, sin que le salgan lágrimas, nadie se acercará para ver lo que le pasa. Debes aprender a llorar.

El payaso se quedó boquiabierto:
-- ¿Cómo cojones sabes todo eso de mí? –. Le preguntó indignado.

El anciano volvió a sonreír y le respondió:
-- Porque, lo creas o no, yo también he sido payaso. Pero todos perdemos nuestras ilusiones, incluso tú, Adiós.

Al abrir los ojos, el payaso se encontraba nuevamente en su habitación, con un cigarro en la mano y viendo caer luciérnagas en forma de ceniza, las cuales se apagaban al tocar el suelo de su gris y monótono patio.

El despertador marcaba las 00h08. Trasnochó un par de horas más, y pensando en el túnel, la gente, el anciano y el tiempo, se quedó dormido.

A la mañana siguiente, el payaso se levantó llorando. No sabía por qué. Se secó las lágrimas y, como cada mañana miró su despertador y a continuación, el reloj de aquel edificio que se asomaba por su ventana, para comparar la hora. De repente, empezó a llorar con locura, a sollozar como un bebé hambriento. Algo había cambiando esa maldita mañana. Su despertador estaba 7 minutos retrasado con respecto al reloj del edificio, aquel reloj que representaba al resto de la gente.

Todo se había invertido. Pero lo que más hundió a nuestro payaso no fue comprobar que estaba 7 minutos por detrás de la humanidad. Lo que más le dolió era el hecho de que llevaba 14 minutos de retraso respecto a sus ilusiones.

Aquella noche, el payaso volvió al túnel de los dos carriles. Pero esta vez lo hizo a las 23h53. Y esta vez su carril estaba lleno de gente. Se vio rodeado de sus padres, de sus amigos, de cantantes y actores que siempre habían visto en la tele.

Se vio junto al psicólogo y junto al poeta irlandés. Se vio junto a todos aquellos que había visto la noche anterior. Junto a toda la humanidad. Todos lloraban. Todos llevaban en un paquete sus ilusiones para quemarlas.

Cuando se miró sus manos, descubrió aterrado que él también llevaba un paquete en sus manos y que lloraba como el que más. Y que también hacía cola.

Cuando le llegó su turno el payaso entendió que en su bolsa estaban sus ilusiones transparentes y que debían entregarlas, pero, ¿cuales eran realmente sus ilusiones?.

Así que con intriga abrió la bolsa y vio su despertador, y encima de él, dos luciérnagas. Y encima de las luciérnagas, vio 7 minutos. Sus 7 minutos.

Una a una fue quemando sus ilusiones. Y cuando estaba a punto de marcharse de nuevo a su habitación, contempló algo que acabó por matarle. Al mirar al otro carril, vio al anciano apoyado en el cristal y mirándole a través del mismo, con unos ojos tan tristes como los suyos.

Aquel viejo se le quedó mirando durante un rato que le pareció infinito. Aquel anciano se le quedó mirando 7 minutos.

Cuando pasó ese tiempo, meneó la cabeza y al tiempo que lentamente se marchaba, le dijo al payaso algo que le acabaría devolviendo definitivamente a la realidad:
-- Esta noche el tiempo ha puesto a cada uno en sus sitio. Esta noche, el mundo se ha quedado sin payasos.

Esta noche, todos van y nadie viene…

Onion - Estefan

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3 comentarios

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Celso
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24 de octubre de 2009, 18:44 delete

Estar por 7 minutos por delante del resto de la humanidad es una ventaja.

Pero a la larga puede ser perjudicial, ¿no?.

Buena historia.

Un abrazo.

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Cristina
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24 de octubre de 2009, 20:07 delete

Es una buena historia, aunque no tengo ninguna gana de estar 7 o 14 minutos por delante del resto de la gente.

¡¡ 1 BESITO !!

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Bruno
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25 de octubre de 2009, 2:49 delete

Sería bueno estar 7 minutos por delante del resto de la humanidad?.
Yo creo que no.

Si me llega a pasar eso, no sé lo que haría, aunque por otro lado puede ser ventajoso.

Salu2.

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